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A1 Hipoacusia conductiva: oído externo y medio

Tópico

El sonido procedente del ambiente entra al sistema auditivo por el canal auditivo externo, que capta la vibración del aire y la conduce hacia el interior del oído sin modEificar su naturaleza física. Una obstrucción del canal —por cerumen, un cuerpo extraño o una malformación— impide que el sonido avance y hace que parte de la señal se pierda antes de alcanzar la cóclea.

Al final del canal se encuentra la membrana timpánica, que separa el oído externo del oído medio. Esta membrana recibe la presión sonora y la transforma en un movimiento mecánico de vaivén que sigue el ritmo de la onda. Cuanto mayor sea la superficie que vibra coordinadamente, mayor será la fuerza mecánica transmitida. Una perforación timpánica reduce esa superficie y permite que parte de la presión sonora escape por el orificio, disminuyendo la fuerza que llega a la etapa siguiente.

El movimiento de la membrana timpánica se transmite a la cadena osicular, formada por martillo, yunque y estribo. El estribo, último de los tres huesecillos, se encuentra directamente en la ventana oval y transmite finalmente el movimiento al líquido de la cóclea. La cadena osicular funciona como una palanca que concentra la fuerza recibida sobre la amplia superficie timpánica en la superficie mucho menor de la ventana oval. Esta diferencia de superficies produce el acoplamiento impedancial necesario para transferir eficazmente la vibración desde el aire de baja impedancia hacia el líquido coclear de alta impedancia; sin este mecanismo, gran parte de la energía se reflejaría en lugar de mover el líquido.

La eficacia del acoplamiento depende de la movilidad de la cadena osicular. En la otosclerosis, un crecimiento óseo anormal fija el estribo contra la ventana oval y bloquea prácticamente la transmisión a partir de ese punto, aunque los restantes componentes permanezcan intactos. En una efusión del oído medio, en cambio, el líquido acumulado alrededor de los huesecillos introduce una resistencia viscosa que amortigua su movimiento según la cantidad de líquido presente, haciendo que la vibración deje de transmitirse proporcionalmente sin que la cadena esté necesariamente fija.

La admitancia del sistema conductor resume cuánto de la energía sonora original consigue atravesar el canal auditivo externo, la membrana timpánica y la cadena osicular hasta alcanzar la ventana oval. Es mayor cuando el canal está despejado, el tímpano vibra normalmente y los huesecillos se mueven libremente, y disminuye ante una obstrucción del canal, una perforación timpánica, la fijación producida por la otosclerosis o el amortiguamiento causado por una efusión. Al disminuir la admitancia, una parte creciente de la energía se pierde durante el trayecto y solo una fracción reducida alcanza la ventana oval y mueve el líquido coclear.

En una hipoacusia conductiva pura, esta reducción de la energía que alcanza la ventana oval no implica daño de la cóclea. Los mecanismos cocleares encargados de transformar el movimiento del líquido en señales interpretables por el cerebro permanecen intactos cuando la alteración se encuentra exclusivamente en el canal auditivo externo, la membrana timpánica o la cadena osicular. La cóclea conserva, por tanto, su capacidad normal de procesamiento, pero recibe menos energía sonora debido a la menor eficiencia del sistema conductor.

Por ello, el tratamiento no necesita reparar la cóclea, sino restaurar o compensar la admitancia perdida. Un audífono amplifica el sonido antes de su entrada al canal auditivo externo, de modo que, aun atravesando un sistema con admitancia reducida, pueda llegar a la cóclea energía suficiente para ser procesada normalmente. La cirugía actúa directamente sobre la causa de la pérdida: puede reparar una perforación timpánica, liberar o reemplazar el estribo fijado por la otosclerosis o drenar una efusión del oído medio. Al recuperar la continuidad y movilidad del sistema conductor, se restablece la transmisión eficiente del sonido desde el ambiente hasta la cóclea.

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