A5 Sequías Meteorológicas
Tópico
La sequía meteorológica es un déficit prolongado de precipitación respecto a la media climatológica de una región, y trae consigo consecuencias directas sobre la disponibilidad de agua y sobre los ecosistemas de esa región. Este déficit de precipitación tiene, principalmente, dos causas dinámicas: la persistencia de una circulación anticiclónica, cuya subsidencia inhibe la convección que normalmente produce lluvia, o la simple ausencia de perturbaciones atmosféricas capaces de traer precipitación a la región. Ambas causas dinámicas suelen estar forzadas, a su vez, por patrones de variabilidad oceánica de gran escala: anomalías de temperatura en la superficie de los océanos tropicales que persisten durante meses o años y que inclinan la circulación atmosférica hacia uno u otro de esos dos mecanismos.
La retroalimentación entre el suelo seco y la temperatura es el mecanismo más importante que amplifica y sostiene en el tiempo al déficit de precipitación: cuando el déficit de precipitación seca el suelo, la evapotranspiración de ese suelo cae, y el calor radiativo que antes se repartía entre calentar el aire y evaporar agua pasa a destinarse casi por completo a calentar el aire en vez de evaporar agua. Esa redistribución del calor hace que la temperatura del aire aumente y que la humedad relativa disminuya, y esa combinación de aire más caliente y más seco reduce aún más la probabilidad de precipitación, profundizando el mismo déficit de precipitación que secó el suelo en primer lugar y cerrando así la retroalimentación entre el suelo seco y la temperatura. Cuando esta retroalimentación se sostiene, puede mantener la sequía meteorológica activa durante décadas enteras —las megasequías—, un desenlace especialmente frecuente en las regiones semiáridas, donde el suelo tiene poca humedad de reserva para amortiguar el ciclo.
A diferencia de la sequía meteorológica que se profundiza lentamente por la retroalimentación entre el suelo seco y la temperatura, las sequías flash son anomalías de inicio rápido, que se instalan en cuestión de días a semanas. En una sequía flash, un calentamiento anormalmente rápido del aire evapora la humedad del suelo mucho antes de que la falta de precipitación llegue a ser evidente por sí sola, de modo que el suelo se seca por el calor antes que por la ausencia de lluvia.
Precisamente porque las sequías flash se adelantan a la falta de precipitación, los índices de precipitación tradicionales llegan tarde para detectarlas: un índice de estrés evaporativo, en cambio, sigue directamente la velocidad con la que el suelo pierde humedad y logra detectar el inicio de una sequía flash antes de que esos índices de precipitación tradicionales muestren cualquier señal.
Tanto las sequías ordinarias como las sequías flash y las megasequías forman parte de una misma distribución de frecuencias que no se reparte de manera simétrica alrededor de un promedio: los eventos extremos, como las megasequías, son mucho menos frecuentes que las sequías moderadas, pero muchísimo más frecuentes de lo que una distribución simétrica haría esperar, y su impacto sobre la disponibilidad de agua y los ecosistemas es desproporcionadamente enorme en comparación con lo poco frecuentes que son. Por eso, entender la sequía meteorológica exige seguir tanto el déficit de precipitación que la define como la retroalimentación entre el suelo seco y la temperatura que decide si ese déficit se disuelve en semanas o se convierte en una megasequía de décadas.
ID:594
