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D3 Geodesia y Deformación

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La geodesia moderna mide, con una precisión de milímetros o incluso mejor, la posición, la forma y la deformación de la superficie terrestre. Un sistema de posicionamiento satelital continuo permite determinar el movimiento de las placas tectónicas prácticamente en tiempo real, monitorear la deformación que una falla activa sufre tanto durante un terremoto como en los años que transcurren entre un terremoto y el siguiente, y detectar la inflación o la deflación de un volcán antes de que ese volcán entre en erupción.

Una red de posicionamiento satelital continuo, con decenas o incluso cientos de estaciones distribuidas alrededor de una falla activa, entrega un campo de velocidades de toda esa región, y ese campo de velocidades se invierte matemáticamente para obtener cómo se distribuye el deslizamiento de la falla en profundidad.

Una técnica radar interferométrica combina la fase de varias imágenes de radar captadas desde satélites sobre una misma área, adquiridas en fechas distintas: la diferencia de fase entre dos de esas adquisiciones codifica el desplazamiento que sufrió la superficie del terreno en la dirección exacta en la que el satélite estaba observando, con una precisión de apenas milímetros sobre áreas de miles de kilómetros cuadrados a la vez. Esta técnica radar interferométrica es el método más poderoso disponible para mapear la subsidencia, la inflación volcánica, los deslizamientos lentos y la deformación cosísmica a escala regional.

La gravimetría diferencial, junto con una misión de gravimetría satelital, mide en cambio las variaciones del campo gravitacional terrestre, variaciones que reflejan directamente cómo cambia la distribución de masa en el subsuelo: la recarga de un acuífero, la fusión de un glaciar, la subsidencia de un terreno, o el rebote isostático de la corteza. El principio detrás de esta gravimetría es que la aceleración gravitacional que se mide en un punto depende de cómo cambia el potencial gravitacional de ese punto a otro cercano, un potencial que a su vez resulta de sumar la contribución de toda la masa distribuida en el volumen que rodea a ese punto.

El comportamiento esperado es que integrar el posicionamiento satelital continuo, la técnica radar interferométrica y la gravimetría en conjunto proporcione una imagen completa y tridimensional de la deformación de la superficie terrestre, mientras que cada uno de estos métodos por separado solo mide una componente o una proyección parcial de esa misma deformación, cerrando así el vínculo entre la precisión milimétrica con la que empezó esta descripción y la imagen completa que la geodesia moderna es capaz de reconstruir combinando sus distintos métodos.

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