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A3 Deslizamientos y Flujos Gravitacionales

Tópico

Un deslizamiento de roca o un flujo gravitacional ocurre cuando la tensión de corte que la gravedad ejerce sobre un talud supera la resistencia al corte que ese mismo talud puede oponer, y esa tensión de corte gravitacional se ve amplificada por factores desestabilizadores como una presión de poro elevada dentro del propio talud, la pérdida de cohesión que la meteorización va produciendo con el tiempo, o una sobrecarga que se agrega de forma repentina sobre ese talud. Un criterio de falla mecánica bien establecido define el umbral exacto en el que un talud deja de resistir, y el Factor de Seguridad de ese talud mide justamente el cociente entre la resistencia disponible en ese talud y la tensión que realmente está soportando.

Una vez que el movimiento del talud se inicia, la reología del propio material determina qué estilo de flujo sigue ese movimiento: un deslizamiento de roca rígida se mueve siguiendo la cinemática de un cuerpo rígido que se desplaza en bloque, mientras que un lahar o un flujo de detritos se comporta, en cambio, como un material viscoplástico que se mantiene sólido hasta que el esfuerzo aplicado supera un umbral y entonces empieza a fluir como un líquido. Las grandes avalanchas de roca muestran, además, una movilidad anómalamente alta: recorren una distancia horizontal mucho mayor de la que la simple fricción entre la roca y el terreno permitiría esperar dada la altura desde la que cayeron, posiblemente porque las presiones intersticiales dentro de la propia avalancha, o una licuefacción dinámica del material, reducen la fricción efectiva mientras la avalancha está en movimiento.

Los deslizamientos submarinos resultan especialmente peligrosos porque pueden generar tsunamis al desplazar de golpe una gran masa de agua sobre el fondo marino. La desestabilización de los sedimentos que se acumulan sobre un talud submarino puede producirse tanto por la disociación de hidratos de gas atrapados dentro de esos sedimentos como por la carga adicional que un terremoto le impone al propio talud submarino.

El alcance que un flujo de detritos termina recorriendo escala con la raíz cuadrada del volumen total de material que ese flujo moviliza, una relación empírica bien establecida que permite estimar la peligrosidad de un flujo de detritos futuro a partir del inventario de los depósitos que flujos anteriores dejaron en la misma región, cerrando así el vínculo entre la tensión de corte gravitacional con la que empezó esta descripción y el alcance final de cada deslizamiento o flujo gravitacional.

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