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Evaluación y uso del Modelo

Descripción

Modelo A05 - ACV isquémico

El modelo se evalúa tanto en forma formal como empírica. La evaluación formal determina en qué medida la red lógica se basa en principios físicos o en relaciones matemáticas ajustadas a la realidad pero sin sustento causal, y en qué medida cada variable proviene de un principio general o de un ajuste específico a la operación observada. La evaluación empírica, en paralelo, corre experimentos o compara con datos medidos para validar que el modelo predice correctamente lo que va a ocurrir.

Tras estas validaciones —y con las incertidumbres y resguardos que corresponda mantener— el modelo puede usarse en simuladores que pronostican el comportamiento del sistema según la situación que se está estudiando.

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Estructura de los Grupos

Descripción

El primer paso consiste en analizar la descripción general del modelo e identificar los distintos aspectos que intervienen en el fenómeno y que deben ser representados. Cada uno de estos aspectos se organiza como un grupo, entendido como una unidad conceptual coherente que describe una parte específica del funcionamiento del modelo.



Cada grupo reúne los objetos o conceptos relevantes para ese aspecto y las relaciones o verbos que describen cómo interactúan, se modifican o dependen unos de otros. De esta manera, cada grupo constituye una parte de la red semántica del modelo, mientras que el conjunto de los grupos permite representar de forma estructurada su funcionamiento global.



La división en grupos facilita además separar mecanismos, condiciones, procesos y resultados que cumplen funciones diferentes dentro del modelo, manteniendo al mismo tiempo las relaciones que existen entre ellos. Los grupos no son, por tanto, componentes aislados: pueden compartir conceptos y establecer relaciones entre sí, formando conjuntamente una única representación semántica del fenómeno.







La imagen anterior ofrece una visión general de los distintos aspectos en que se ha estructurado el modelo. A continuación se presentan los grupos identificados, indicando para cada uno su título y una breve descripción del aspecto del modelo que representa.



Grupo 1: Grupo 1: Perfusión cerebral y aporte energético

El tejido cerebral depende de un flujo sanguíneo cerebral sostenido. Una caída regional del flujo reduce el aporte que sostiene la producción de energía celular; cuanto más severa es la hipoperfusión, mayor es el compromiso energético. La narrativa remite a balances ya usados en otros modelos, pero aquí no especifica una forma funcional ni parámetros.



Grupo 2: Grupo 2: Falla energética de la neurona y bomba Na/K

La neurona sufre directamente la insuficiencia de energía celular. Al disminuir la energía disponible se compromete el funcionamiento de la bomba de sodio y potasio, con pérdida de la capacidad de mantener gradientes iónicos normales. El texto establece una dependencia causal creciente entre suficiencia energética y función de bomba, sin cuantificar umbrales ni cinética.



Grupo 3: Grupo 3: Glutamato, receptor y excitotoxicidad por calcio

La falla de la bomba desencadena liberación excesiva de glutamato extracelular. Más glutamato y una activación más sostenida del receptor de glutamato producen mayor entrada de calcio a la neurona; esa entrada masiva constituye la excitotoxicidad que compromete directamente la viabilidad neuronal. La cinética del receptor se remite a otro modelo y no se reproduce cuantitativamente aquí.



Grupo 4: Grupo 4: Severidad isquémica: núcleo y penumbra

La severidad de la caída regional del flujo separa el tejido afectado en núcleo isquémico y penumbra. Una caída muy severa se asocia a pérdida irreversible de viabilidad en el núcleo; una caída menos severa deja tejido de penumbra todavía salvable si la perfusión se restaura a tiempo. La narrativa implica umbrales o regiones de severidad, pero no entrega valores numéricos.



Grupo 5: Grupo 5: Reclutamiento temporal de penumbra al núcleo

Sin restauración oportuna de la perfusión, la viabilidad neuronal de la penumbra disminuye progresivamente y parte de esa zona se recluta hacia el núcleo isquémico. Cuanto más tiempo transcurre sin reperfusión, mayor es el reclutamiento. El texto define monotonicidad temporal, pero no una tasa ni ley de conversión.



Grupo 6: Grupo 6: Reperfusión, tejido salvado y volumen final de infarto

La restauración de la perfusión limita el reclutamiento de penumbra y determina cuánto tejido salvable se conserva. Cada fracción de penumbra reclutada aumenta el volumen final del infarto, por lo que un mayor retraso hasta la reperfusión conduce a mayor daño final. No se especifica una función cuantitativa entre tiempo, tejido salvado y volumen final.

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