Modelo Conceptual
Descripción
Modelo D4 - Marcadores inflamatorios e infecciosos: PCR, PCT, hemocultivos
El modelo conceptual busca comprender los mecanismos que dan origen a un comportamiento, y describirlos de la forma más simple posible. Para eso, el comportamiento se segmenta en temas (grupos): cada uno identifica los objetos o variables que participan —tanto en su funcionamiento normal como en sus posibles anomalías o desviaciones— y describe, mediante verbos, la forma en que esos objetos interactúan entre sí. El resultado es lo que llamamos una red semántica: la estructura con la que representamos y comunicamos el modelo conceptual, antes de introducir ecuación alguna.
ID:3574
Estructura de los Grupos
Descripción
El primer paso consiste en analizar la descripción general del modelo e identificar los distintos aspectos que intervienen en el fenómeno y que deben ser representados. Cada uno de estos aspectos se organiza como un grupo, entendido como una unidad conceptual coherente que describe una parte específica del funcionamiento del modelo.
Cada grupo reúne los objetos o conceptos relevantes para ese aspecto y las relaciones o verbos que describen cómo interactúan, se modifican o dependen unos de otros. De esta manera, cada grupo constituye una parte de la red semántica del modelo, mientras que el conjunto de los grupos permite representar de forma estructurada su funcionamiento global.
La división en grupos facilita además separar mecanismos, condiciones, procesos y resultados que cumplen funciones diferentes dentro del modelo, manteniendo al mismo tiempo las relaciones que existen entre ellos. Los grupos no son, por tanto, componentes aislados: pueden compartir conceptos y establecer relaciones entre sí, formando conjuntamente una única representación semántica del fenómeno.
La imagen anterior ofrece una visión general de los distintos aspectos en que se ha estructurado el modelo. A continuación se presentan los grupos identificados, indicando para cada uno su título y una breve descripción del aspecto del modelo que representa.
Grupo 1: Grupo 1: Activación inflamatoria y proteína C reactiva
La activación de macrófagos aumenta la liberación de interleucina 6, que estimula al hígado a sintetizar proteína C reactiva (PCR). La concentración sanguínea de PCR aumenta con la intensidad inflamatoria, comienza a elevarse 6–12 h después del inicio, alcanza un máximo entre 24–72 h y, si el estímulo cede, disminuye hasta normalizarse en 2–3 días. Bajo tratamiento eficaz, su descenso es progresivo y aproximadamente se reduce a la mitad cada 19 h, por lo que la velocidad de caída informa sobre respuesta al tratamiento.
Grupo 2: Grupo 2: Procalcitonina e infección bacteriana sistémica
La procalcitonina (PCT) discrimina mejor la infección bacteriana sistémica frente a otras causas inflamatorias: permanece por debajo de 0,5 µg/L en infecciones virales y aumenta rápidamente en bacteriemia o sepsis, pudiendo superar 100 µg/L en sepsis grave. Su concentración alcanza un máximo aproximadamente entre 6–12 h y luego cae con una semivida cercana a 24 h. Una reducción superior al 80% respecto del máximo o una concentración inferior a 0,1 µg/L actúa como criterio narrativo para reducir o suspender antibióticos.
Grupo 3: Grupo 3: Cribado clínico rápido de sepsis
El cribado clínico combina frecuencia respiratoria, presión arterial sistólica y nivel de conciencia para identificar rápidamente riesgo de sepsis sin laboratorio. Cada signo cruza un umbral: frecuencia respiratoria ≥22/min, presión sistólica ≤100 mmHg y conciencia reducida según Glasgow. La presencia simultánea de al menos dos signos alterados aumenta considerablemente el riesgo de deterioro o muerte.
Grupo 4: Grupo 4: Crecimiento microbiano y tiempo de positividad del hemocultivo
El hemocultivo detecta microorganismos directamente al permitir que bacterias u hongos se multipliquen en un medio líquido; el sistema automatizado detecta la acumulación de CO₂ metabólico. El tiempo hasta positividad disminuye cuando la carga microbiana inicial es mayor y depende de la rapidez de duplicación del microorganismo. La narrativa sitúa la positividad de E. coli en 4–8 h, neumococo en 12–16 h y hongos en 24–72 h.
Grupo 5: Grupo 5: Sensibilidad del hemocultivo: frascos y volumen
La probabilidad de detectar una bacteriemia depende del número de frascos y, de manera especialmente importante, del volumen de sangre inoculado. Un frasco detecta aproximadamente 65–80% de bacteriemias presentes; combinar frascos independientes eleva la probabilidad de que al menos uno resulte positivo, con cerca de 88% para dos frascos según la narrativa. Cada mililitro adicional de sangre por frasco aumenta la probabilidad de detección en aproximadamente 2–3 puntos porcentuales; la práctica descrita usa 2–3 pares y unos 10 mL por frasco.
Grupo 6: Grupo 6: Contaminación y confirmación de bacteriemia verdadera
Un hemocultivo positivo puede representar bacteriemia verdadera o contaminación durante la extracción. El crecimiento de bacterias habituales de la piel, incluidos ciertos estafilococos sin la enzima característica de los más agresivos, favorece la interpretación de contaminación. La decisión depende conjuntamente del número de frascos positivos, del cuadro clínico y de la rapidez con que cada frasco se positiviza.
Grupo 7: Grupo 7: Integración clínica y seguimiento de la infección
La práctica clínica integra PCR, PCT, cribado clínico y hemocultivos para detectar infección o inflamación, estratificar gravedad y seguir la respuesta al tratamiento. El descenso de PCR o PCT aporta evidencia de respuesta; PCT además guía la decisión sobre antibióticos, mientras el cribado anticipa riesgo antes del laboratorio y el hemocultivo identifica directamente al microorganismo. La interpretación final combina intensidad inflamatoria, probabilidad de infección bacteriana, riesgo clínico, evidencia microbiológica y evolución temporal.
ID:1263
Grupo 1: Grupo 1: Activación inflamatoria y proteína C reactiva
Descripción
La activación de macrófagos aumenta la liberación de interleucina 6, que estimula al hígado a sintetizar proteína C reactiva (PCR). La concentración sanguínea de PCR aumenta con la intensidad inflamatoria, comienza a elevarse 6–12 h después del inicio, alcanza un máximo entre 24–72 h y, si el estímulo cede, disminuye hasta normalizarse en 2–3 días. Bajo tratamiento eficaz, su descenso es progresivo y aproximadamente se reduce a la mitad cada 19 h, por lo que la velocidad de caída informa sobre respuesta al tratamiento.
Pregunta clave: ¿Cómo se transforma la intensidad inflamatoria en una señal sanguínea de PCR y cómo evoluciona bajo tratamiento?
La activación de macrófagos aumenta la liberación de interleucina 6, que estimula al hígado a sintetizar proteína C reactiva (PCR). La concentración sanguínea de PCR aumenta con la intensidad inflamatoria, comienza a elevarse 6–12 h después del inicio, alcanza un máximo entre 24–72 h y, si el estímulo cede, disminuye hasta normalizarse en 2–3 días. Bajo tratamiento eficaz, su descenso es progresivo y aproximadamente se reduce a la mitad cada 19 h, por lo que la velocidad de caída informa sobre respuesta al tratamiento. La proteína C reactiva es sintetizada por el hígado en respuesta a la interleucina 6 que liberan los macrófagos activados en cualquier punto del organismo donde exista inflamación, de modo que cuanto más intensa es la activación de esos macrófagos, más proteína C reactiva termina sintetizando el hígado. Después de iniciarse un proceso inflamatorio, la concentración de proteína C reactiva en la sangre empieza a subir entre seis y doce horas más tarde, alcanza su punto máximo entre las veinticuatro y las setenta y dos horas siguientes, y si el estímulo que la produjo cede, se normaliza de nuevo en dos a tres días. Bajo un tratamiento eficaz, esta concentración desciende de forma progresiva y predecible, reduciéndose aproximadamente a la mitad cada diecinueve horas, lo que permite usar la velocidad de ese descenso como una forma de confirmar que el tratamiento efectivamente está funcionando. Seguir el descenso de la proteína C reactiva o de la procalcitonina bajo tratamiento permite confirmar que la infección está respondiendo y, en el caso de la procalcitonina, decidir cuándo es seguro suspender el antibiótico; aplicar el cribado clínico rápido en el triaje permite sospechar una sepsis antes incluso de tener cualquier resultado de laboratorio; y extraer suficientes frascos de hemocultivo, con suficiente volumen de sangre en cada uno, permite identificar directamente al microorganismo responsable y distinguirlo de una simple contaminación.
ID:4319
Grupo 2: Grupo 2: Procalcitonina e infección bacteriana sistémica
Descripción
La procalcitonina (PCT) discrimina mejor la infección bacteriana sistémica frente a otras causas inflamatorias: permanece por debajo de 0,5 µg/L en infecciones virales y aumenta rápidamente en bacteriemia o sepsis, pudiendo superar 100 µg/L en sepsis grave. Su concentración alcanza un máximo aproximadamente entre 6–12 h y luego cae con una semivida cercana a 24 h. Una reducción superior al 80% respecto del máximo o una concentración inferior a 0,1 µg/L actúa como criterio narrativo para reducir o suspender antibióticos.
Pregunta clave: ¿Cómo distingue y sigue la PCT una infección bacteriana sistémica frente a otras inflamaciones?
La procalcitonina (PCT) discrimina mejor la infección bacteriana sistémica frente a otras causas inflamatorias: permanece por debajo de 0,5 µg/L en infecciones virales y aumenta rápidamente en bacteriemia o sepsis, pudiendo superar 100 µg/L en sepsis grave. Su concentración alcanza un máximo aproximadamente entre 6–12 h y luego cae con una semivida cercana a 24 h. Una reducción superior al 80% respecto del máximo o una concentración inferior a 0,1 µg/L actúa como criterio narrativo para reducir o suspender antibióticos. La procalcitonina es un marcador más específico que la proteína C reactiva para distinguir concretamente una infección bacteriana sistémica de otras causas de inflamación: en las infecciones virales, su concentración se mantiene por debajo de medio microgramo por litro, mientras que en una bacteriemia o en una sepsis sube con rapidez, alcanzando su punto máximo también entre las seis y las doce horas, y puede superar los cien microgramos por litro en una sepsis grave. Como la procalcitonina desaparece de la sangre con bastante rapidez, reduciéndose a la mitad cada veinticuatro horas aproximadamente, resulta especialmente útil para seguir la respuesta del paciente al tratamiento antibiótico: cuando su concentración cae más de un ochenta por ciento respecto al valor máximo que alcanzó, o cuando baja de una décima de microgramo por litro, esto permite reducir o incluso suspender el antibiótico con seguridad, sabiendo que la infección bacteriana ya está controlada. Seguir el descenso de la proteína C reactiva o de la procalcitonina bajo tratamiento permite confirmar que la infección está respondiendo y, en el caso de la procalcitonina, decidir cuándo es seguro suspender el antibiótico; aplicar el cribado clínico rápido en el triaje permite sospechar una sepsis antes incluso de tener cualquier resultado de laboratorio; y extraer suficientes frascos de hemocultivo, con suficiente volumen de sangre en cada uno, permite identificar directamente al microorganismo responsable y distinguirlo de una simple contaminación. En conjunto, todos estos marcadores inflamatorios e infecciosos —la proteína C reactiva y su cinética de ascenso y descenso, la procalcitonina y su mayor especificidad para la infección bacteriana, la herramienta de cribado clínico que identifica una sepsis sin necesidad de laboratorio, y los hemocultivos que detectan directamente al microorganismo causante— son los que la práctica clínica combina para detectar, estratificar y seguir la evolución de una infección o de una inflamación sistémica.
ID:4320
Grupo 3: Grupo 3: Cribado clínico rápido de sepsis
Descripción
El cribado clínico combina frecuencia respiratoria, presión arterial sistólica y nivel de conciencia para identificar rápidamente riesgo de sepsis sin laboratorio. Cada signo cruza un umbral: frecuencia respiratoria ≥22/min, presión sistólica ≤100 mmHg y conciencia reducida según Glasgow. La presencia simultánea de al menos dos signos alterados aumenta considerablemente el riesgo de deterioro o muerte.
Pregunta clave: ¿Cómo se combinan signos clínicos inmediatos para señalar riesgo de sepsis antes del laboratorio?
El cribado clínico combina frecuencia respiratoria, presión arterial sistólica y nivel de conciencia para identificar rápidamente riesgo de sepsis sin laboratorio. Cada signo cruza un umbral: frecuencia respiratoria ≥22/min, presión sistólica ≤100 mmHg y conciencia reducida según Glasgow. La presencia simultánea de al menos dos signos alterados aumenta considerablemente el riesgo de deterioro o muerte. Además de estos marcadores que requieren un análisis de laboratorio, existe una herramienta de cribado clínico que permite sospechar una sepsis en cuestión de segundos, sin necesidad de esperar ningún resultado bioquímico: combina tres signos que se pueden observar directamente en el paciente durante el triaje de urgencias —una frecuencia respiratoria igual o superior a veintidós respiraciones por minuto, una presión arterial sistólica igual o inferior a cien milímetros de mercurio, y un nivel de conciencia reducido según la escala de Glasgow—, y cuando al menos dos de estos tres signos están alterados a la vez, identifica a un paciente con un riesgo considerablemente más alto de deteriorarse o de morir por esa infección. Seguir el descenso de la proteína C reactiva o de la procalcitonina bajo tratamiento permite confirmar que la infección está respondiendo y, en el caso de la procalcitonina, decidir cuándo es seguro suspender el antibiótico; aplicar el cribado clínico rápido en el triaje permite sospechar una sepsis antes incluso de tener cualquier resultado de laboratorio; y extraer suficientes frascos de hemocultivo, con suficiente volumen de sangre en cada uno, permite identificar directamente al microorganismo responsable y distinguirlo de una simple contaminación. En conjunto, todos estos marcadores inflamatorios e infecciosos —la proteína C reactiva y su cinética de ascenso y descenso, la procalcitonina y su mayor especificidad para la infección bacteriana, la herramienta de cribado clínico que identifica una sepsis sin necesidad de laboratorio, y los hemocultivos que detectan directamente al microorganismo causante— son los que la práctica clínica combina para detectar, estratificar y seguir la evolución de una infección o de una inflamación sistémica.
ID:4321
Grupo 4: Grupo 4: Crecimiento microbiano y tiempo de positividad del hemocultivo
Descripción
El hemocultivo detecta microorganismos directamente al permitir que bacterias u hongos se multipliquen en un medio líquido; el sistema automatizado detecta la acumulación de CO₂ metabólico. El tiempo hasta positividad disminuye cuando la carga microbiana inicial es mayor y depende de la rapidez de duplicación del microorganismo. La narrativa sitúa la positividad de E. coli en 4–8 h, neumococo en 12–16 h y hongos en 24–72 h.
Pregunta clave: ¿Cómo el crecimiento microbiano produce una señal detectable y determina el tiempo hasta positividad?
El hemocultivo detecta microorganismos directamente al permitir que bacterias u hongos se multipliquen en un medio líquido; el sistema automatizado detecta la acumulación de CO₂ metabólico. El tiempo hasta positividad disminuye cuando la carga microbiana inicial es mayor y depende de la rapidez de duplicación del microorganismo. La narrativa sitúa la positividad de E. coli en 4–8 h, neumococo en 12–16 h y hongos en 24–72 h. Cuánto tiempo tarda un hemocultivo en dar positivo depende tanto de cuántos microorganismos había inicialmente en la muestra de sangre como de qué tan rápido se duplica ese microorganismo en particular: una bacteria que se duplica muy rápido, como la Escherichia coli, puede dar un hemocultivo positivo en solo cuatro a ocho horas, mientras que una bacteria de duplicación más lenta, como el neumococo, tarda entre doce y dieciséis horas, y un hongo puede tardar entre veinticuatro y setenta y dos horas en dar positivo. Los hemocultivos, por su parte, no miden ninguna sustancia liberada por el organismo, sino que detectan directamente la presencia de bacterias u hongos en la sangre dejándolos crecer en un medio líquido especialmente diseñado para eso; un sistema automatizado vigila continuamente ese medio líquido y detecta el momento en que empieza a acumularse el dióxido de carbono que el propio metabolismo de esos microorganismos produce al multiplicarse. Seguir el descenso de la proteína C reactiva o de la procalcitonina bajo tratamiento permite confirmar que la infección está respondiendo y, en el caso de la procalcitonina, decidir cuándo es seguro suspender el antibiótico; aplicar el cribado clínico rápido en el triaje permite sospechar una sepsis antes incluso de tener cualquier resultado de laboratorio; y extraer suficientes frascos de hemocultivo, con suficiente volumen de sangre en cada uno, permite identificar directamente al microorganismo responsable y distinguirlo de una simple contaminación. Un solo frasco de hemocultivo detecta la bacteriemia solamente entre un sesenta y cinco y un ochenta por ciento de las veces en que esa bacteriemia realmente está presente, y por eso la práctica clínica recomienda extraer entre dos y tres pares de frascos por paciente, con unos diez mililitros de sangre en cada frasco.
ID:4322
Grupo 5: Grupo 5: Sensibilidad del hemocultivo: frascos y volumen
Descripción
La probabilidad de detectar una bacteriemia depende del número de frascos y, de manera especialmente importante, del volumen de sangre inoculado. Un frasco detecta aproximadamente 65–80% de bacteriemias presentes; combinar frascos independientes eleva la probabilidad de que al menos uno resulte positivo, con cerca de 88% para dos frascos según la narrativa. Cada mililitro adicional de sangre por frasco aumenta la probabilidad de detección en aproximadamente 2–3 puntos porcentuales; la práctica descrita usa 2–3 pares y unos 10 mL por frasco.
Pregunta clave: ¿Cómo modifican el número de frascos y el volumen de sangre la probabilidad de detectar bacteriemia?
La probabilidad de detectar una bacteriemia depende del número de frascos y, de manera especialmente importante, del volumen de sangre inoculado. Un frasco detecta aproximadamente 65–80% de bacteriemias presentes; combinar frascos independientes eleva la probabilidad de que al menos uno resulte positivo, con cerca de 88% para dos frascos según la narrativa. Cada mililitro adicional de sangre por frasco aumenta la probabilidad de detección en aproximadamente 2–3 puntos porcentuales; la práctica descrita usa 2–3 pares y unos 10 mL por frasco. El número de frascos de hemocultivo que se extraen afecta directamente esa capacidad de detección: como cada frasco tiene una probabilidad independiente de detectar la bacteriemia si esta está presente, combinar dos frascos en vez de uno solo eleva considerablemente la probabilidad de que al menos uno de los dos dé positivo, hasta alcanzar en la práctica cerca de un ochenta y ocho por ciento de detección con solo dos frascos independientes. Un solo frasco de hemocultivo detecta la bacteriemia solamente entre un sesenta y cinco y un ochenta por ciento de las veces en que esa bacteriemia realmente está presente, y por eso la práctica clínica recomienda extraer entre dos y tres pares de frascos por paciente, con unos diez mililitros de sangre en cada frasco. El volumen de sangre que se extrae en cada frasco es, sin embargo, el factor más determinante de todos: cada mililitro adicional de sangre que se agrega a un frasco aumenta la probabilidad de detectar la bacteriemia en dos a tres puntos porcentuales. Un resultado positivo en un hemocultivo no siempre representa una verdadera bacteriemia: cuando crecen en el cultivo bacterias que normalmente viven en la piel del paciente, como ciertos estafilococos que carecen de una enzima característica de los estafilococos más agresivos, esto sugiere que el frasco se contaminó durante la extracción en vez de reflejar una infección real de la sangre; para distinguir esta contaminación de una verdadera bacteriemia, la práctica clínica se apoya en cuántos de los frascos extraídos dieron positivo, en el cuadro clínico del propio paciente, y en qué tan rápido se positivizó cada frasco.
ID:4323
Grupo 6: Grupo 6: Contaminación y confirmación de bacteriemia verdadera
Descripción
Un hemocultivo positivo puede representar bacteriemia verdadera o contaminación durante la extracción. El crecimiento de bacterias habituales de la piel, incluidos ciertos estafilococos sin la enzima característica de los más agresivos, favorece la interpretación de contaminación. La decisión depende conjuntamente del número de frascos positivos, del cuadro clínico y de la rapidez con que cada frasco se positiviza.
Pregunta clave: ¿Cómo se distingue un cultivo contaminado de una bacteriemia verdadera?
Un hemocultivo positivo puede representar bacteriemia verdadera o contaminación durante la extracción. El crecimiento de bacterias habituales de la piel, incluidos ciertos estafilococos sin la enzima característica de los más agresivos, favorece la interpretación de contaminación. La decisión depende conjuntamente del número de frascos positivos, del cuadro clínico y de la rapidez con que cada frasco se positiviza. Un resultado positivo en un hemocultivo no siempre representa una verdadera bacteriemia: cuando crecen en el cultivo bacterias que normalmente viven en la piel del paciente, como ciertos estafilococos que carecen de una enzima característica de los estafilococos más agresivos, esto sugiere que el frasco se contaminó durante la extracción en vez de reflejar una infección real de la sangre; para distinguir esta contaminación de una verdadera bacteriemia, la práctica clínica se apoya en cuántos de los frascos extraídos dieron positivo, en el cuadro clínico del propio paciente, y en qué tan rápido se positivizó cada frasco. Cuánto tiempo tarda un hemocultivo en dar positivo depende tanto de cuántos microorganismos había inicialmente en la muestra de sangre como de qué tan rápido se duplica ese microorganismo en particular: una bacteria que se duplica muy rápido, como la Escherichia coli, puede dar un hemocultivo positivo en solo cuatro a ocho horas, mientras que una bacteria de duplicación más lenta, como el neumococo, tarda entre doce y dieciséis horas, y un hongo puede tardar entre veinticuatro y setenta y dos horas en dar positivo. El número de frascos de hemocultivo que se extraen afecta directamente esa capacidad de detección: como cada frasco tiene una probabilidad independiente de detectar la bacteriemia si esta está presente, combinar dos frascos en vez de uno solo eleva considerablemente la probabilidad de que al menos uno de los dos dé positivo, hasta alcanzar en la práctica cerca de un ochenta y ocho por ciento de detección con solo dos frascos independientes. Un solo frasco de hemocultivo detecta la bacteriemia solamente entre un sesenta y cinco y un ochenta por ciento de las veces en que esa bacteriemia realmente está presente, y por eso la práctica clínica recomienda extraer entre dos y tres pares de frascos por paciente, con unos diez mililitros de sangre en cada frasco.
ID:4324
Grupo 7: Grupo 7: Integración clínica y seguimiento de la infección
Descripción
La práctica clínica integra PCR, PCT, cribado clínico y hemocultivos para detectar infección o inflamación, estratificar gravedad y seguir la respuesta al tratamiento. El descenso de PCR o PCT aporta evidencia de respuesta; PCT además guía la decisión sobre antibióticos, mientras el cribado anticipa riesgo antes del laboratorio y el hemocultivo identifica directamente al microorganismo. La interpretación final combina intensidad inflamatoria, probabilidad de infección bacteriana, riesgo clínico, evidencia microbiológica y evolución temporal.
Pregunta clave: ¿Cómo se combinan las señales anteriores para diagnosticar, estratificar y seguir la infección?
La práctica clínica integra PCR, PCT, cribado clínico y hemocultivos para detectar infección o inflamación, estratificar gravedad y seguir la respuesta al tratamiento. El descenso de PCR o PCT aporta evidencia de respuesta; PCT además guía la decisión sobre antibióticos, mientras el cribado anticipa riesgo antes del laboratorio y el hemocultivo identifica directamente al microorganismo. La interpretación final combina intensidad inflamatoria, probabilidad de infección bacteriana, riesgo clínico, evidencia microbiológica y evolución temporal. En conjunto, todos estos marcadores inflamatorios e infecciosos —la proteína C reactiva y su cinética de ascenso y descenso, la procalcitonina y su mayor especificidad para la infección bacteriana, la herramienta de cribado clínico que identifica una sepsis sin necesidad de laboratorio, y los hemocultivos que detectan directamente al microorganismo causante— son los que la práctica clínica combina para detectar, estratificar y seguir la evolución de una infección o de una inflamación sistémica. Los marcadores inflamatorios cuantifican, a través de distintas sustancias que aparecen en la sangre o de la detección directa de microorganismos, qué tan intensa es la respuesta inmune sistémica de un paciente, lo que permite detectar una infección, estratificar su gravedad y seguir su evolución bajo tratamiento. Seguir el descenso de la proteína C reactiva o de la procalcitonina bajo tratamiento permite confirmar que la infección está respondiendo y, en el caso de la procalcitonina, decidir cuándo es seguro suspender el antibiótico; aplicar el cribado clínico rápido en el triaje permite sospechar una sepsis antes incluso de tener cualquier resultado de laboratorio; y extraer suficientes frascos de hemocultivo, con suficiente volumen de sangre en cada uno, permite identificar directamente al microorganismo responsable y distinguirlo de una simple contaminación. De este modo, los mismos marcadores inflamatorios que cuantifican la respuesta inmune sistémica del paciente terminan siendo, a través de todos estos instrumentos combinados, lo que la clínica usa para reconocer una infección, medir su gravedad, y confirmar que el tratamiento elegido efectivamente la está controlando.
ID:4325
