M4 Monzones y Circulaciones Estacionales
Tópico
Los monzones son circulaciones atmosféricas que cambian de manera marcada según la estación del año: en verano, soplan vientos húmedos que van desde el océano hacia el continente, mientras que en invierno esos mismos vientos se invierten y soplan, ya secos, desde el continente hacia el océano. Es precisamente esa reversión estacional, verano tras verano e invierno tras invierno, la que hace que los monzones se distingan de cualquier otro régimen de viento regional.
El mecanismo fundamental detrás de los monzones es el contraste térmico estacional entre la tierra y el océano: los continentes se calientan y se enfrían mucho más rápido que los océanos, porque el suelo almacena mucho menos calor que el agua. Esa diferencia en la velocidad con la que se calienta o se enfría cada superficie es la que hace que, según la estación, se forme un gradiente de presión entre el continente y el océano, y es ese mismo gradiente de presión el que fuerza a los vientos del monzón a soplar en una dirección o en la contraria.
El inicio del monzón asiático es una de las transiciones más dramáticas de todo el sistema climático: en cuestión de pocas semanas, el régimen de vientos pasa de los alisios secos a los vientos húmedos del suroeste que dan comienzo a la estación de lluvias de la que dependen miles de millones de personas. Esta transición tan abrupta no depende solamente del contraste térmico tierra-océano ya descrito: la circulación de Hadley, la topografía del Himalaya y la inestabilidad térmica que se acumula sobre el subcontinente se combinan también entre sí, y es esa combinación la que hace que el monzón asiático arranque de una manera tan repentina.
Una vez que el monzón asiático ya está en marcha, no llueve de manera uniforme durante toda la estación: la oscilación de Madden-Julian modula esa lluvia a lo largo de periodos de entre treinta y noventa días, alternando fases activas, en las que la convección se intensifica y llueve con fuerza, con fases inactivas, en las que la convección se debilita y las lluvias se interrumpen durante varias semanas. Es esta alternancia entre fases activas e inactivas la que hace que, dentro de una misma temporada de monzón, se sucedan semanas lluviosas y semanas secas.
Más allá de esta modulación dentro de cada temporada, el monzón asiático también cambia de un año a otro, y ese cambio interanual lo impone El Niño-Oscilación del Sur: cuando se desarrolla un episodio de El Niño, el monzón asiático se debilita, mientras que cuando se desarrolla un episodio de La Niña, el monzón asiático se intensifica. Así, es la fase en la que se encuentre El Niño-Oscilación del Sur la que hace que un año de monzón termine siendo, en conjunto, más lluvioso o más seco que el promedio.
De este modo, el monzón asiático queda gobernado por tres escalas de tiempo distintas que actúan a la vez: el contraste térmico estacional entre la tierra y el océano que enciende y apaga la circulación año tras año, la oscilación de Madden-Julian que reparte esa lluvia en semanas activas y semanas secas dentro de cada temporada, y El Niño-Oscilación del Sur que decide, de un año a otro, si esa misma temporada de monzón termina siendo más intensa o más débil que la anterior. Las tres escalas terminan convergiendo en un mismo resultado: cuánta agua reciben, y cuándo la reciben, los miles de millones de personas que dependen de los monzones para vivir.
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