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D5 Perforación y Registro De Pozos

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La perforación y el registro de pozos son la única fuente de información directa que existe sobre el subsuelo a profundidades que van desde decenas hasta miles de metros. Los núcleos de roca que se recuperan al perforar permiten medir directamente, sobre la propia roca extraída, sus propiedades petrofísicas, mineralógicas, estructurales y geoquímicas tal como existían en su lugar de origen. Los registros de pozo, en cambio, son mediciones continuas que se toman a lo largo de todo el pozo sin necesidad de extraer ningún núcleo, realizadas con sondas que descienden por el pozo suspendidas de un cable.

El registro sónico mide el tiempo que tardan en viajar las ondas ultrasónicas, tanto de compresión como de corte, entre un emisor y un receptor separados por distintas distancias dentro del pozo, y esas mediciones proporcionan un perfil continuo de la velocidad de las ondas de compresión y de las ondas de corte a lo largo de todo el pozo.

El registro de densidad usa una fuente de rayos gamma para medir directamente la densidad de la formación rocosa que atraviesa el pozo, mientras que el registro de rayo gamma natural mide, en cambio, la radiactividad natural que emiten el uranio, el torio y el potasio presentes en esa misma formación; este registro de rayo gamma natural es el más usado para distinguir una arcilla, que emite mucha radiactividad natural, de una arenisca o una caliza, que emiten mucha menos.

El registro de resistividad distingue, por su parte, una formación saturada de agua, que conduce bien la electricidad y por lo tanto presenta una resistividad baja, de una formación que contiene hidrocarburos o que es roca seca, que conduce mal la electricidad y por lo tanto presenta una resistividad alta.

La temperatura dentro del pozo y el flujo de calor que atraviesa la roca son fundamentales para entender el subsuelo: el perfil de temperatura que se mide a lo largo de la profundidad del pozo permite calcular el gradiente geotérmico local, y ese gradiente geotérmico, combinado con la conductividad térmica de las rocas que el pozo atravesó, medida después en laboratorio sobre los núcleos recuperados, permite calcular el flujo de calor que sube desde el interior de la Tierra en ese punto: cuanto mayor es la conductividad térmica de la roca y cuanto más pronunciado es el gradiente de temperatura con la profundidad, mayor es ese flujo de calor.

Las perforaciones científicas más profundas jamás realizadas, como una que alcanzó los nueve kilómetros de profundidad en Alemania, otra realizada directamente sobre la falla de San Andrés, y los programas internacionales de perforación que operan sobre el fondo oceánico, han revelado propiedades inesperadas del subsuelo profundo: presiones de poro mucho más altas de lo esperado, fluidos presentes a profundidades mucho mayores de lo previsto, y temperaturas mucho más elevadas de lo que los modelos anticipaban, confirmando el valor único de la perforación y el registro de pozos como fuente de información directa con la que empezó esta descripción.

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