A1 Terremotos y Secuencias Sísmicas
Tópico
Un terremoto es la liberación súbita de la energía elástica que se había ido acumulando dentro de una zona de falla, y la magnitud de esa liberación súbita queda caracterizada por el momento sísmico del propio terremoto, una cantidad proporcional al área de la falla que se rompió, al deslizamiento promedio que esa falla sufrió, y a la rigidez de la roca en la que ocurrió la ruptura.
El número de terremotos que ocurren en una región determinada sigue una relación empírica muy consistente entre la frecuencia de esos terremotos y su magnitud: el número de eventos decae de forma logarítmica a medida que aumenta la magnitud, de modo que por cada unidad adicional de magnitud ocurren aproximadamente diez veces menos terremotos que en la unidad de magnitud anterior.
Los terremotos de subducción más grandes, con una magnitud de momento superior a ocho coma cinco o incluso a nueve, son los más energéticos de todos: la ruptura del contacto entre las dos placas tectónicas puede extenderse a lo largo de varios cientos de kilómetros y generar deslizamientos cosísmicos de decenas de metros a lo largo de ese contacto. La secuencia típica de uno de estos terremotos de subducción incluye primero una serie de sismos precursores, después el propio evento principal, y finalmente una larga secuencia de réplicas cuya frecuencia va decayendo con el tiempo según una relación empírica bien conocida en sismología.
La sismicidad inducida por la inyección de fluidos, ya sea en pozos profundos o en embalses, reactiva fallas preexistentes que llevaban tiempo inactivas: el fluido inyectado eleva la presión del agua dentro de los poros de la roca, y esa mayor presión de poro reduce la presión efectiva que mantiene a la falla firmemente cerrada, de modo que la falla necesita mucha menos fuerza adicional para deslizar de nuevo.
El comportamiento esperado de esta sismicidad inducida es que migre siguiendo el frente de difusión de la presión de poro a medida que el fluido inyectado se extiende por la roca, alejándose del punto de inyección con el paso del tiempo. Cuando ocurre un terremoto mayor, además, ese mismo terremoto redistribuye el esfuerzo mecánico hacia las fallas vecinas, y esa redistribución del esfuerzo puede tanto activar como inhibir la sismicidad de esas fallas vecinas, dependiendo de cómo quede orientada cada una de ellas respecto a la liberación súbita de energía elástica con la que empezó esta descripción.
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