M1 Acumulación
Tópico
El modo de acumulación reúne todos los procesos por los cuales la criosfera gana masa: la precipitación sólida que cae como nieve, granizo o gránulos de hielo, la deposición directa de escarcha cuando el vapor de agua pasa directamente a hielo sobre una superficie fría, y la redistribución del manto de nieve que el viento empuja de un lugar a otro. La acumulación es el término positivo del balance de masa de un glaciar, y es justamente la acumulación la que determina hasta dónde se extiende la zona de acumulación de ese glaciar, la porción situada por encima de la línea de equilibrio. La tasa de acumulación que se registra a una elevación dada es el parámetro climático principal que controla el crecimiento de un glaciar a largo plazo.
La precipitación sólida se forma dentro de una nube que contiene a la vez agua líquida superenfriada y cristales de hielo, cuando las gotas de esa agua líquida superenfriada se congelan al entrar en contacto con núcleos de condensación helados, pequeñas partículas minerales, biológicas o de combustión suspendidas en el aire. Dentro de esa nube mixta, el vapor de agua se satura con más facilidad sobre el hielo que sobre el agua líquida, de modo que el vapor de agua migra desde las gotas líquidas hacia los cristales de hielo, y esos cristales de hielo crecen justamente a costa de las gotas líquidas que van perdiendo ese vapor. Cuanto más fría está la nube y cuanto mayor es la sobresaturación de vapor de agua dentro de ella, más rápido crece cada cristal de hielo.
El viento, una vez que la nieve ya cayó sobre el suelo, puede volver a movilizar esa nieve y transportar decenas de toneladas de nieve por cada metro lineal de terreno en una sola temporada, rellenando quebradas enteras y acumulando masa adicional en el lado protegido del viento de las crestas montañosas. Mientras el viento transporta esa nieve en suspensión, una fracción de sus partículas se sublima directamente en el aire, y esa sublimación puede eliminar entre un diez y un cuarenta por ciento de toda la precipitación sólida original en las zonas donde el viento sopla con mayor intensidad.
Un modelo de gradiente altitudinal de precipitación, que distribuye la precipitación según cómo cambia con la altitud, es la herramienta estándar para repartir la acumulación de nieve dentro de los modelos hidrológicos que describen cuencas glaciarizadas enteras, aplicando a cada elevación de la cuenca la misma tasa de acumulación que determina, en última instancia, cuánto crece cada glaciar de esa cuenca con la que empezó esta descripción.
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