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M5 Inundación y Llanura Aluvial

Tópico

La inundación es el desbordamiento del canal fluvial sobre su propia llanura de inundación, un proceso que ocurre de manera natural con una frecuencia de entre uno y cinco años, coincidiendo precisamente con el caudal dominante que llena el cauce hasta la altura de sus orillas, y que es, de hecho, el principal responsable de haber formado esa misma llanura aluvial a lo largo del tiempo.

La frecuencia con la que se repite una inundación se determina mediante el análisis de frecuencia de los caudales: la distribución de Gumbel, o una distribución más general de valores extremos cuando la de Gumbel no basta, se ajusta a la serie de caudales máximos anuales de un río, y es precisamente ese ajuste el que permite estimar el caudal esperado para cualquier periodo de retorno que se quiera considerar. El caudal de desbordamiento marca, dentro de esa misma serie, el umbral exacto a partir del cual comienza la inundación de la llanura.

El flujo que se establece sobre la llanura de inundación es, sin embargo, fundamentalmente distinto al flujo que corre dentro del propio cauce: es mucho más lento, porque encuentra una rugosidad mayor, además de vegetación y obstáculos que el cauce no tiene, y es también bidimensional y de menor profundidad. Las ecuaciones de aguas poco profundas de Saint-Venant, planteadas en dos dimensiones, son la base física de los modelos hidráulicos de inundación más utilizados para representar precisamente ese flujo sobre la llanura.

La llanura de inundación actúa, frente a la crecida que la invade, como un verdadero amortiguador: almacena agua mientras esa crecida sube, y es ese mismo almacenamiento el que atenúa el pico de caudal que de otro modo llegaría aguas abajo, para luego liberar esa agua lentamente una vez que la crecida empieza a bajar, prolongando con ello la duración del hidrograma completo. La conectividad lateral que une al canal, a la llanura y al acuífero resulta crítica dentro de todo este proceso: durante la crecida, el agua que invade la llanura penetra hacia el subsuelo y recarga, de esa manera, al acuífero freático local.

El rol ecológico que cumplen las inundaciones es igual de fundamental que su rol hidráulico: el concepto del pulso de inundación describe cómo esa conexión periódica entre el río y su propia llanura es, en sí misma, el motor principal de la productividad biológica de todo el ecosistema ribereño que depende de ella. Las llanuras aluviales retienen, además, buena parte del sedimento que el río transporta, reduciendo con ello la carga que ese mismo río lleva aguas abajo; filtran nutrientes y contaminantes antes de que lleguen más lejos; y terminan siendo, gracias a todo este proceso acumulado, los suelos agrícolas más fértiles que existen en el mundo entero.

El comportamiento esperado de todo este sistema incluye una atenuación del pico de crecida de entre el diez y el cuarenta por ciento cada vez que ese pico atraviesa una llanura de inundación, junto con una prolongación del hidrograma que puede llegar a multiplicarse entre dos y cinco veces respecto de su duración original. Así, desde el desbordamiento del canal con el que arranca este documento hasta esa prolongación del hidrograma con la que termina, pasando por la frecuencia de la inundación, el flujo sobre la llanura, el amortiguamiento de la crecida y el rol ecológico del pulso de inundación, la inundación y su llanura aluvial hacen que el río nunca termine de contarse a sí mismo dentro de un único cauce, sino que se derrame, periódicamente, sobre el territorio que él mismo ha construido a su alrededor.

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