M6 Transporte Eólico y Sistemas Dunares
Tópico
El transporte eólico de sedimento es el movimiento de partículas de arena, de limo y de polvo que el propio viento impulsa sobre superficies que carecen de vegetación o que apenas la tienen, como los desiertos, las playas, los campos agrícolas desnudos o las tundras.
La saltación es el mecanismo dominante mediante el cual se mueve la arena: los granos se elevan dentro del propio viento en cuanto la tensión de corte que ese viento ejerce sobre la superficie supera el umbral de Shields correspondiente al ambiente eólico, y esos granos describen entonces trayectorias balísticas de apenas unos diez a cien centímetros de altura y de treinta a cien centímetros de longitud, hasta que caen de nuevo sobre la superficie; es precisamente ese impacto al caer el que hace que otros granos vecinos se movilicen a su vez, en lo que se conoce como el proceso de creación. La reptación, por su parte, es el movimiento de los granos demasiado pesados como para saltar, granos que en cambio son empujados hacia adelante por el impacto repetido de los granos que sí están saltando sobre ellos.
La tasa de transporte eólico de arena que describe la ley de Bagnold es proporcional al cubo de la velocidad de fricción que el viento alcanza por encima de ese mismo umbral de movilización, de modo que pequeños aumentos en esa velocidad de fricción se traducen en aumentos mucho mayores en la cantidad de arena transportada. El propio umbral de movilización eólica depende, a su vez, del tamaño del grano: para una arena seca típica de playa o de desierto, ese umbral corresponde a una velocidad de fricción de entre dos y cinco décimas de metro por segundo, lo que equivale, a diez metros de altura sobre la superficie, a un viento de entre cinco y ocho metros por segundo.
El flujo de polvo mineral, formado por partículas menores a los setenta micrómetros de diámetro, tiene una importancia que se extiende a escala global: el desierto del Sahara, por sí solo, emite cada año entre cuatrocientos y dos mil teragramos de polvo, un polvo que termina fertilizando tanto a la selva amazónica como al océano Atlántico con el hierro y el fósforo que ese mismo polvo transporta consigo.
Las dunas son las estructuras sedimentarias características que produce todo este transporte eólico, y su forma revela las condiciones bajo las que se formaron: las dunas barjanas, con su silueta de media luna, aparecen donde hay poca arena disponible y el viento sopla siempre en la misma dirección; las dunas transversales aparecen en cambio donde la arena es abundante; las dunas longitudinales, también llamadas seif, se alinean con un viento oblicuo; y las dunas estrelladas se forman donde el viento sopla desde múltiples direcciones a lo largo del año.
El comportamiento esperado de todo este sistema incluye una velocidad de avance de la duna que resulta inversamente proporcional a su propia altura, de modo que las dunas más bajas se desplazan más rápido que las dunas altas; incluye también la estabilización de una duna por parte de la vegetación, algo que ocurre en cuanto la cubierta vegetal llega a cubrir entre un quince y un veinte por ciento de la superficie de esa duna, porque esa misma cobertura hace que la velocidad del viento cerca del suelo caiga por debajo del umbral de movilización. Así, desde el movimiento de partículas con el que arranca este documento hasta esa estabilización por vegetación con la que termina, pasando por la saltación, la ley de Bagnold, el flujo de polvo mineral y las distintas formas de las dunas, el transporte eólico y los sistemas dunares hacen que el propio paisaje árido quede tallado, grano a grano, por la fuerza del viento que lo recorre.
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