E10 Interacción SueloVegetaciónAtmósfera
Tópico
La interacción entre el suelo, la vegetación y la atmósfera describe el intercambio bidireccional de energía, de agua y de carbono entre estos tres componentes, integrados como un solo sistema. La vegetación es el elemento central de todo este sistema: modifica el albedo de la superficie, aumenta la rugosidad aerodinámica que el viento encuentra a su paso, intercepta parte de la lluvia con su propio dosel, transporta agua desde el suelo hasta la atmósfera mediante la transpiración, y controla el acceso del dióxido de carbono atmosférico hacia la fotosíntesis cerrando o abriendo sus propios estomas.
La resistencia estomática es precisamente el parámetro de control central de esa transpiración y de ese mismo intercambio de dióxido de carbono: los estomas se cierran bajo estrés hídrico, cuando el suelo está seco, bajo una demanda evaporativa alta, cuando el aire está muy seco respecto al vapor de agua que podría contener, bajo temperaturas extremas, o simplemente bajo poca luz; es precisamente la combinación de estos cuatro factores de estrés la que determina, en cada momento, cuánto se cierran esos mismos estomas.
Los modelos modernos de este sistema suelo-vegetación-atmósfera parametrizan esta resistencia estomática como una función multiplicativa de esos mismos factores de estrés, combinando el efecto de cada uno de ellos en un solo valor.
La intercepción del dosel retiene, además, una parte de la lluvia directamente sobre las superficies de las hojas y de las ramas; esa agua interceptada se evapora rápidamente de vuelta a la atmósfera sin llegar a pasar por el suelo, y puede llegar a representar entre el veinte y el cuarenta por ciento de toda la precipitación que cae sobre un bosque denso.
La retroalimentación entre la humedad del suelo, la evapotranspiración y la precipitación opera a escala regional, en periodos que van de una semana a un mes, y se cierra sobre sí misma en ambas direcciones: la evapotranspiración que sale de un suelo húmedo incrementa la humedad de la baja troposfera, favoreciendo la formación de nubes convectivas y la precipitación local, precipitación que a su vez vuelve a humedecer ese mismo suelo con el que empezó el ciclo. Es precisamente esta retroalimentación la que puede amplificar tanto las sequías, cuando un suelo seco genera menos evapotranspiración y por lo tanto menos precipitación local que vuelva a humedecerlo, como los periodos húmedos, cuando un suelo saturado genera más evapotranspiración y por lo tanto más lluvia que lo mantiene saturado.
El comportamiento esperado de todo este sistema incluye la variación estacional del índice de área foliar, que controla tanto la transpiración como la intercepción a lo largo del año. Así, desde la vegetación con la que arranca este documento hasta esa variación estacional con la que termina, pasando por la resistencia estomática, la intercepción del dosel y la retroalimentación entre suelo húmedo, evapotranspiración y precipitación, la interacción entre el suelo, la vegetación y la atmósfera hace que la vegetación no sea solo un elemento pasivo del paisaje, sino un regulador activo que amplifica, en un sentido o en el otro, tanto las sequías como los periodos húmedos que la propia atmósfera le impone.
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