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A6 Salinización y Degradación Química del Suelo

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La salinización consiste en la acumulación de sales solubles dentro del perfil del suelo, hasta alcanzar concentraciones que terminan inhibiendo el crecimiento de las plantas; en muchos cultivos, ese punto de inhibición se alcanza cuando la conductividad eléctrica del suelo supera los cuatro decisiemens por metro.

Dentro del suelo, esas mismas sales se desplazan siguiendo el mismo tipo de transporte que sigue cualquier soluto disuelto en agua: se mueven arrastradas por el propio flujo del agua, en un proceso conocido como advección, y al mismo tiempo se redistribuyen por difusión molecular y por dispersión hidrodinámica, lo que hace que la sal termine repartiéndose por un volumen de suelo mucho mayor que el que originalmente ocupaba el agua que la trajo.

La salinización primaria se origina cuando el nivel freático es somero, a menos de dos metros de profundidad, y el agua subterránea salina asciende por capilaridad hasta alcanzar la zona donde se concentran las raíces de las plantas; la salinización secundaria, en cambio, la induce la propia irrigación agrícola, cuando el agua de riego aporta sus propias sales al suelo y esas sales se concentran a medida que el agua se evapora y solo la sal permanece.

Cuando el suelo acumula, además, una proporción elevada de sodio respecto al calcio y al magnesio que también contiene, ocurre la sodificación: es ese exceso de sodio el que dispersa las partículas de arcilla, destruyendo por completo la estructura granular que normalmente mantiene unido al suelo.

La acidificación por lixiviación, por su parte, reduce la capacidad del suelo para retener e intercambiar cationes nutritivos, y es precisamente esa pérdida de capacidad de intercambio catiónico la que hace que la propia arcilla aluminosilicatada del suelo se disuelva, liberando aluminio en una forma soluble y tóxica para las plantas.

El modelo cuantitativo que integra todos estos procesos combina la ecuación de Richards, que ya describió la dinámica del agua dentro del suelo, con el transporte reactivo de los solutos que se disuelven en ella; así, desde la acumulación de sales con la que arranca este documento hasta el aluminio tóxico que libera la acidificación con la que termina, pasando por la advección y dispersión de las sales, por la salinización primaria y secundaria, y por la sodificación que destruye su estructura, la salinización y la degradación química del suelo hacen que un mismo perfil de tierra pueda perder, por varias vías químicas distintas a la vez, la capacidad de sostener cultivos.

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