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Evaluación y uso del Modelo

Descripción

Modelo E1.2 - Evolución clonal y heterogeneidad tumoral

El modelo se evalúa tanto en forma formal como empírica. La evaluación formal determina en qué medida la red lógica se basa en principios físicos o en relaciones matemáticas ajustadas a la realidad pero sin sustento causal, y en qué medida cada variable proviene de un principio general o de un ajuste específico a la operación observada. La evaluación empírica, en paralelo, corre experimentos o compara con datos medidos para validar que el modelo predice correctamente lo que va a ocurrir.

Tras estas validaciones —y con las incertidumbres y resguardos que corresponda mantener— el modelo puede usarse en simuladores que pronostican el comportamiento del sistema según la situación que se está estudiando.

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Modelo E1.2 — Evolución clonal y heterogeneidad tumoral

Descripción

# Modelo E1.2 — Evolución clonal y heterogeneidad tumoral



Este modelo eleva la escala de análisis respecto del modelo anterior, que describía el ciclo de una sola célula: en vez de modelar una célula, modela cómo evoluciona con el tiempo la composición genética de toda la población tumoral.



Esa población tumoral no es un sistema homogéneo, sino un ecosistema de clonas que compiten entre sí: cada clona tiene su propio genotipo, y por tener un genotipo distinto, cada clona tiene también su propia tasa neta de crecimiento, su propia tasa de muerte frente al tratamiento, y su propia sensibilidad terapéutica.



La física que gobierna la competencia entre estas clonas es la misma teoría de la evolución que describió Darwin, aplicada aquí a escalas de tiempo que van de semanas a años, y a poblaciones que van desde un millón hasta un billón de células.



Esta evolución de las clonas tumorales sigue los mismos tres principios que cualquier proceso evolutivo: la variación, es decir, las mutaciones que introducen diversidad genética entre una clona y otra; la herencia, es decir, la replicación fiel del material genético, que transmite esa diversidad de una célula a sus células hijas; y la selección, es decir, la presión que ejercen el microambiente que rodea al tumor, el sistema inmune del paciente, o el tratamiento oncológico, favoreciendo a unas clonas sobre otras.



Lo que hace único al sistema tumoral, frente a otros sistemas donde también opera la evolución, es que esa selección puede intensificarse de forma drástica gracias al tratamiento oncológico: mientras que en la naturaleza la selección actúa a un ritmo relativamente lento, el tratamiento oncológico puede convertirse en una presión selectiva mucho más intensa que cualquier presión natural, acelerando el proceso evolutivo de la población tumoral mucho más de lo que ocurriría sin ese tratamiento.

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