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E10 Riñón

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El riñón filtra continuamente el plasma mediante aproximadamente un millón de unidades funcionales llamadas nefronas. Cada una comienza en el glomérulo, un conjunto de capilares donde parte del plasma atraviesa una barrera que retiene las células sanguíneas y las proteínas grandes, formando el filtrado que posteriormente dará origen a la orina.

La cantidad de plasma filtrada depende del balance de fuerzas en los capilares glomerulares. La presión hidrostática favorece la salida de líquido hacia el espacio de filtración, mientras que la presión oncótica de las proteínas plasmáticas se opone a ella. El efecto combinado de estas fuerzas en todas las nefronas determina la tasa de filtración glomerular, que en una persona sana ronda los 125 mL por minuto. Esto significa que los riñones procesan diariamente un volumen de filtrado muy superior al volumen total de plasma del organismo.

Sin embargo, cerca del 99 % de ese filtrado es posteriormente reabsorbido por los túbulos renales. El comportamiento de cada sustancia puede describirse mediante su aclaramiento renal, es decir, el volumen de plasma que queda completamente libre de ella por unidad de tiempo. Si el aclaramiento es similar a la filtración glomerular, la sustancia se filtra sin una reabsorción o secreción tubular importante. Si es menor, existe reabsorción hacia la sangre; si es mayor, además de filtrarse, la sustancia es secretada desde la sangre hacia el túbulo. Así, el riñón puede regular de manera selectiva la eliminación o conservación de diferentes componentes del plasma.

La glucosa constituye un ejemplo importante de reabsorción tubular. Normalmente, la glucosa filtrada es recuperada mediante transportadores específicos que poseen una capacidad máxima. Mientras la cantidad filtrada permanezca bajo esa capacidad, prácticamente toda vuelve a la sangre y no aparece en la orina. Cuando la glucemia supera aproximadamente 180 mg/dL, aumenta suficientemente la carga filtrada como para saturar estos transportadores y aparece glucosuria. Algunos medicamentos utilizados en diabetes inhiben deliberadamente estos transportadores, aumentando la eliminación urinaria de glucosa y contribuyendo así a reducir la glucemia.

La creatinina se utiliza para estimar la función de filtración del riñón porque se filtra libremente y su manejo tubular es limitado. Su concentración sanguínea, junto con características del paciente, permite estimar la tasa de filtración glomerular sin necesidad de recolectar orina. Esta tasa estimada se utiliza para clasificar la enfermedad renal crónica en diferentes etapas y, cuando se sigue a lo largo del tiempo, permite determinar la velocidad con que se deteriora la función renal.

Además de filtrar y seleccionar sustancias, el riñón controla la concentración final de la orina. Para ello construye un gradiente de concentración en la médula renal mediante el asa de Henle, cuyas ramas transportan líquido en sentidos opuestos y generan un mecanismo multiplicador. Este gradiente permite recuperar agua del filtrado cuando el organismo necesita conservarla.

La utilización efectiva de ese gradiente depende de la hormona antidiurética. Cuando esta hormona está presente, favorece la incorporación de canales de agua en el túbulo colector, aumentando su permeabilidad. El agua sale entonces del filtrado hacia la médula concentrada y regresa a la circulación, produciendo una orina de menor volumen y mayor concentración. Cuando la hormona antidiurética disminuye, el túbulo colector permanece menos permeable al agua y se elimina una orina más abundante y diluida.

Si el organismo no produce suficiente hormona antidiurética o el riñón deja de responder a ella, aparece diabetes insípida. El riñón pierde su capacidad de concentrar adecuadamente la orina, aumenta considerablemente el volumen urinario y, si el agua perdida no se repone, puede producirse una deshidratación importante.

En conjunto, la función renal depende de la filtración glomerular, la reabsorción y secreción tubular y el control de la concentración urinaria. El aclaramiento permite describir el destino renal de cada sustancia; la glucosuria muestra los límites de la reabsorción tubular; la creatinina permite estimar la capacidad de filtración, y el gradiente medular junto con la hormona antidiurética regula la conservación de agua. Mediante estos mecanismos, las nefronas mantienen estable la composición del medio interno mientras eliminan los productos que deben abandonar el organismo.

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