Modelo Conceptual
Descripción
Modelo D7 - Marcadores tumorales y oncológicos: PSA, CEA, CA-125, AFP, LDH
El modelo conceptual busca comprender los mecanismos que dan origen a un comportamiento, y describirlos de la forma más simple posible. Para eso, el comportamiento se segmenta en temas (grupos): cada uno identifica los objetos o variables que participan —tanto en su funcionamiento normal como en sus posibles anomalías o desviaciones— y describe, mediante verbos, la forma en que esos objetos interactúan entre sí. El resultado es lo que llamamos una red semántica: la estructura con la que representamos y comunicamos el modelo conceptual, antes de introducir ecuación alguna.
ID:3598
Estructura de los Grupos
Descripción
El primer paso consiste en analizar la descripción general del modelo e identificar los distintos aspectos que intervienen en el fenómeno y que deben ser representados. Cada uno de estos aspectos se organiza como un grupo, entendido como una unidad conceptual coherente que describe una parte específica del funcionamiento del modelo.
Cada grupo reúne los objetos o conceptos relevantes para ese aspecto y las relaciones o verbos que describen cómo interactúan, se modifican o dependen unos de otros. De esta manera, cada grupo constituye una parte de la red semántica del modelo, mientras que el conjunto de los grupos permite representar de forma estructurada su funcionamiento global.
La división en grupos facilita además separar mecanismos, condiciones, procesos y resultados que cumplen funciones diferentes dentro del modelo, manteniendo al mismo tiempo las relaciones que existen entre ellos. Los grupos no son, por tanto, componentes aislados: pueden compartir conceptos y establecer relaciones entre sí, formando conjuntamente una única representación semántica del fenómeno.
La imagen anterior ofrece una visión general de los distintos aspectos en que se ha estructurado el modelo. A continuación se presentan los grupos identificados, indicando para cada uno su título y una breve descripción del aspecto del modelo que representa.
Grupo 1: Grupo 1: PSA y refinamiento del riesgo prostático
El PSA aumenta por volumen y zona prostática, inflamación o cáncer, por lo que su concentración aislada tiene especificidad limitada. En la zona gris de 4–10 ng/mL, el riesgo se refina con la fracción libre y la velocidad anual: una fracción libre menor de 15% y un aumento mayor de 0.75 ng/mL/año se asocian a mayor riesgo. Tras prostatectomía completa, el PSA debería caer por debajo de 0.1 ng/mL; cualquier valor detectable indica tejido tumoral vivo y recidiva bioquímica antes de la imagen.
Grupo 2: Grupo 2: CEA y seguimiento de recidiva
El CEA se usa principalmente para seguimiento de cáncer colorrectal o pulmonar ya diagnosticado. Tras resección completa debe descender hasta normalizarse en unas 4–6 semanas; una nueva elevación durante el seguimiento anticipa la recidiva clínica o radiológica aproximadamente 2–5 meses. Importan tanto el nivel como su evolución temporal.
Grupo 3: Grupo 3: CA-125 y respuesta a quimioterapia
El CA-125 se sigue durante y después de la quimioterapia del cáncer de ovario. Una caída hasta al menos la mitad del valor inicial hacia el tercer mes indica respuesta, y el descenso se describe como exponencial. Una caída más rápida se correlaciona con mayor supervivencia posterior.
Grupo 4: Grupo 4: AFP y diagnóstico de cáncer hepático
En un paciente con cirrosis, una AFP superior a 400 ng/mL combinada con una imagen hepática compatible permite diagnosticar cáncer primario de hígado sin biopsia. La relación es un criterio conjunto: el umbral bioquímico por sí solo no constituye en la narrativa el diagnóstico completo.
Grupo 5: Grupo 5: LDH, metabolismo tumoral y necrosis
La LDH no es específica de un tumor: refleja fermentación de glucosa por células tumorales aun con oxígeno disponible y también necrosis tumoral espontánea. Su elevación se asocia al pronóstico en varios cánceres; en melanoma avanzado, superar dos veces el límite superior normal reclasifica a peor pronóstico. Una muerte tumoral masiva también eleva LDH y participa en la lectura del síndrome de lisis tumoral.
Grupo 6: Grupo 6: Bayes, prevalencia y valor predictivo
El valor predictivo positivo de un marcador depende críticamente de sensibilidad, especificidad y prevalencia de enfermedad en la población examinada. Con sensibilidad de 80% y especificidad de 95%, el texto ilustra que una prevalencia de 1% produce un valor predictivo positivo cercano a 14%, mientras una prevalencia de 20% lo eleva a cerca de 76%. Esta dependencia explica por qué los marcadores son más útiles en seguimiento de pacientes ya diagnosticados que como cribado poblacional general.
Grupo 7: Grupo 7: Integración oncológica de marcadores
La práctica oncológica combina los marcadores según su función clínica: refinamiento de riesgo, seguimiento terapéutico, detección precoz de recidiva, diagnóstico inicial y pronóstico. Ningún marcador aislado es suficientemente sensible y específico para cribado poblacional general, salvo una excepción parcial del PSA en contextos específicos. La utilidad global aumenta cuando la probabilidad previa de enfermedad ya es alta.
ID:1271
Grupo 1: Grupo 1: PSA y refinamiento del riesgo prostático
Descripción
El PSA aumenta por volumen y zona prostática, inflamación o cáncer, por lo que su concentración aislada tiene especificidad limitada. En la zona gris de 4–10 ng/mL, el riesgo se refina con la fracción libre y la velocidad anual: una fracción libre menor de 15% y un aumento mayor de 0.75 ng/mL/año se asocian a mayor riesgo. Tras prostatectomía completa, el PSA debería caer por debajo de 0.1 ng/mL; cualquier valor detectable indica tejido tumoral vivo y recidiva bioquímica antes de la imagen.
Pregunta clave: ¿Cómo se refina la interpretación del PSA para distinguir riesgo prostático y detectar recidiva tras prostatectomía?
El PSA aumenta por volumen y zona prostática, inflamación o cáncer, por lo que su concentración aislada tiene especificidad limitada. En la zona gris de 4–10 ng/mL, el riesgo se refina con la fracción libre y la velocidad anual: una fracción libre menor de 15% y un aumento mayor de 0.75 ng/mL/año se asocian a mayor riesgo. Tras prostatectomía completa, el PSA debería caer por debajo de 0.1 ng/mL; cualquier valor detectable indica tejido tumoral vivo y recidiva bioquímica antes de la imagen. Después de extirpar completamente la próstata, este marcador debería volverse indetectable en la sangre del paciente, por debajo de una décima de nanogramo por mililitro, porque ya no queda ningún tejido prostático capaz de producirlo; cualquier valor detectable de este marcador después de esa cirugía indica que queda tejido tumoral vivo en algún lugar del organismo, una recidiva bioquímica que se detecta antes de que sea visible en ninguna imagen. El marcador prostático se eleva tanto por el propio volumen de la próstata y por la zona de la glándula de la que proviene ese volumen, como por una simple inflamación de la próstata o por un verdadero cáncer, lo que lo vuelve poco específico por sí solo. En conjunto, todos estos marcadores tumorales —el marcador prostático con sus refinamientos para la zona gris, el antígeno carcinoembrionario y el marcador ovárico que validan la respuesta al tratamiento y anticipan la recidiva, la alfafetoproteína que permite diagnosticar directamente un cáncer de hígado, la lactato deshidrogenasa que refleja el metabolismo y la necrosis del tumor en múltiples tipos de cáncer a la vez, y la dependencia de todos ellos de la prevalencia de la enfermedad en la población estudiada— son los que la práctica oncológica combina para seguir la evolución de un tumor ya diagnosticado, detectar su recidiva lo antes posible, y estimar el pronóstico del paciente. Para mejorar esa especificidad, sobre todo en la llamada zona gris de concentración de este marcador —entre cuatro y diez nanogramos por mililitro, donde alrededor de la mitad de los pacientes no tienen cáncer a pesar de tener el marcador elevado—, se recurre a dos refinamientos: qué proporción del marcador circula libre en la sangre en vez de unido a otras proteínas, donde una proporción por debajo de un quince por ciento se asocia a un mayor riesgo de cáncer, y qué tan rápido sube el propio marcador de un año a otro, donde un aumento de más de setenta y cinco centésimas de nanogramo por mililitro en un año también se asocia a un mayor riesgo.
ID:4338
Grupo 2: Grupo 2: CEA y seguimiento de recidiva
Descripción
El CEA se usa principalmente para seguimiento de cáncer colorrectal o pulmonar ya diagnosticado. Tras resección completa debe descender hasta normalizarse en unas 4–6 semanas; una nueva elevación durante el seguimiento anticipa la recidiva clínica o radiológica aproximadamente 2–5 meses. Importan tanto el nivel como su evolución temporal.
Pregunta clave: ¿Cómo informa la evolución temporal del CEA sobre resección completa y recidiva?
El CEA se usa principalmente para seguimiento de cáncer colorrectal o pulmonar ya diagnosticado. Tras resección completa debe descender hasta normalizarse en unas 4–6 semanas; una nueva elevación durante el seguimiento anticipa la recidiva clínica o radiológica aproximadamente 2–5 meses. Importan tanto el nivel como su evolución temporal. El antígeno carcinoembrionario se usa principalmente para seguir a pacientes con cáncer colorrectal o de pulmón: después de operar el tumor, la velocidad con la que este marcador desciende hasta normalizarse —en cuatro a seis semanas si la cirugía logró extirpar todo el tumor— confirma que la resección fue completa, y en sentido inverso, cuando este marcador vuelve a subir durante el seguimiento, esa elevación se adelanta entre dos y cinco meses a que la recidiva del tumor se haga evidente clínicamente o en una imagen. En conjunto, todos estos marcadores tumorales —el marcador prostático con sus refinamientos para la zona gris, el antígeno carcinoembrionario y el marcador ovárico que validan la respuesta al tratamiento y anticipan la recidiva, la alfafetoproteína que permite diagnosticar directamente un cáncer de hígado, la lactato deshidrogenasa que refleja el metabolismo y la necrosis del tumor en múltiples tipos de cáncer a la vez, y la dependencia de todos ellos de la prevalencia de la enfermedad en la población estudiada— son los que la práctica oncológica combina para seguir la evolución de un tumor ya diagnosticado, detectar su recidiva lo antes posible, y estimar el pronóstico del paciente. Después de extirpar completamente la próstata, este marcador debería volverse indetectable en la sangre del paciente, por debajo de una décima de nanogramo por mililitro, porque ya no queda ningún tejido prostático capaz de producirlo; cualquier valor detectable de este marcador después de esa cirugía indica que queda tejido tumoral vivo en algún lugar del organismo, una recidiva bioquímica que se detecta antes de que sea visible en ninguna imagen. Ninguno de estos marcadores es suficientemente sensible ni suficientemente específico como para usarse por sí solo para buscar cáncer en la población general sin ningún síntoma previo —con la excepción parcial del marcador prostático en contextos muy específicos—, pero todos resultan sumamente valiosos para seguir la respuesta de un tumor ya diagnosticado al tratamiento, para detectar una recidiva antes de que se haga evidente clínicamente, y para estimar el pronóstico del paciente.
ID:4339
Grupo 3: Grupo 3: CA-125 y respuesta a quimioterapia
Descripción
El CA-125 se sigue durante y después de la quimioterapia del cáncer de ovario. Una caída hasta al menos la mitad del valor inicial hacia el tercer mes indica respuesta, y el descenso se describe como exponencial. Una caída más rápida se correlaciona con mayor supervivencia posterior.
Pregunta clave: ¿Cómo relaciona la caída del CA-125 la respuesta terapéutica con el pronóstico?
El CA-125 se sigue durante y después de la quimioterapia del cáncer de ovario. Una caída hasta al menos la mitad del valor inicial hacia el tercer mes indica respuesta, y el descenso se describe como exponencial. Una caída más rápida se correlaciona con mayor supervivencia posterior. El marcador ovárico se usa de forma parecida para seguir a las pacientes con cáncer de ovario durante y después de la quimioterapia: se considera que la paciente está respondiendo al tratamiento cuando este marcador baja al menos a la mitad de su valor inicial hacia el tercer mes de quimioterapia, y la propia velocidad con la que desciende, que sigue una caída de tipo exponencial, se correlaciona directamente con cuánto tiempo sobrevive después la paciente: cuanto más rápido desciende este marcador durante el tratamiento, mejor es el pronóstico. En conjunto, todos estos marcadores tumorales —el marcador prostático con sus refinamientos para la zona gris, el antígeno carcinoembrionario y el marcador ovárico que validan la respuesta al tratamiento y anticipan la recidiva, la alfafetoproteína que permite diagnosticar directamente un cáncer de hígado, la lactato deshidrogenasa que refleja el metabolismo y la necrosis del tumor en múltiples tipos de cáncer a la vez, y la dependencia de todos ellos de la prevalencia de la enfermedad en la población estudiada— son los que la práctica oncológica combina para seguir la evolución de un tumor ya diagnosticado, detectar su recidiva lo antes posible, y estimar el pronóstico del paciente. Ninguno de estos marcadores es suficientemente sensible ni suficientemente específico como para usarse por sí solo para buscar cáncer en la población general sin ningún síntoma previo —con la excepción parcial del marcador prostático en contextos muy específicos—, pero todos resultan sumamente valiosos para seguir la respuesta de un tumor ya diagnosticado al tratamiento, para detectar una recidiva antes de que se haga evidente clínicamente, y para estimar el pronóstico del paciente. El antígeno carcinoembrionario se usa principalmente para seguir a pacientes con cáncer colorrectal o de pulmón: después de operar el tumor, la velocidad con la que este marcador desciende hasta normalizarse —en cuatro a seis semanas si la cirugía logró extirpar todo el tumor— confirma que la resección fue completa, y en sentido inverso, cuando este marcador vuelve a subir durante el seguimiento, esa elevación se adelanta entre dos y cinco meses a que la recidiva del tumor se haga evidente clínicamente o en una imagen.
ID:4340
Grupo 4: Grupo 4: AFP y diagnóstico de cáncer hepático
Descripción
En un paciente con cirrosis, una AFP superior a 400 ng/mL combinada con una imagen hepática compatible permite diagnosticar cáncer primario de hígado sin biopsia. La relación es un criterio conjunto: el umbral bioquímico por sí solo no constituye en la narrativa el diagnóstico completo.
Pregunta clave: ¿Cómo se combinan AFP e imagen hepática para establecer el diagnóstico inicial?
En un paciente con cirrosis, una AFP superior a 400 ng/mL combinada con una imagen hepática compatible permite diagnosticar cáncer primario de hígado sin biopsia. La relación es un criterio conjunto: el umbral bioquímico por sí solo no constituye en la narrativa el diagnóstico completo. La alfafetoproteína, en cambio, no se usa principalmente para seguimiento sino para el diagnóstico inicial: en un paciente con cirrosis del hígado, una concentración de esta proteína por encima de cuatrocientos nanogramos por mililitro, junto con una imagen del hígado compatible con un tumor, permite diagnosticar directamente un cáncer primario del hígado sin necesidad de confirmarlo con una biopsia. En conjunto, todos estos marcadores tumorales —el marcador prostático con sus refinamientos para la zona gris, el antígeno carcinoembrionario y el marcador ovárico que validan la respuesta al tratamiento y anticipan la recidiva, la alfafetoproteína que permite diagnosticar directamente un cáncer de hígado, la lactato deshidrogenasa que refleja el metabolismo y la necrosis del tumor en múltiples tipos de cáncer a la vez, y la dependencia de todos ellos de la prevalencia de la enfermedad en la población estudiada— son los que la práctica oncológica combina para seguir la evolución de un tumor ya diagnosticado, detectar su recidiva lo antes posible, y estimar el pronóstico del paciente. El antígeno carcinoembrionario se usa principalmente para seguir a pacientes con cáncer colorrectal o de pulmón: después de operar el tumor, la velocidad con la que este marcador desciende hasta normalizarse —en cuatro a seis semanas si la cirugía logró extirpar todo el tumor— confirma que la resección fue completa, y en sentido inverso, cuando este marcador vuelve a subir durante el seguimiento, esa elevación se adelanta entre dos y cinco meses a que la recidiva del tumor se haga evidente clínicamente o en una imagen. Precisamente por no ser específica de ningún tumor, esta enzima es el marcador pronóstico más robusto en varios tipos de cáncer a la vez, como los linfomas, las leucemias, el mieloma y el melanoma avanzado: en el melanoma, una concentración de esta enzima que supera más del doble del límite superior normal reclasifica el estadio más avanzado de la enfermedad en una categoría de peor pronóstico.
ID:4341
Grupo 5: Grupo 5: LDH, metabolismo tumoral y necrosis
Descripción
La LDH no es específica de un tumor: refleja fermentación de glucosa por células tumorales aun con oxígeno disponible y también necrosis tumoral espontánea. Su elevación se asocia al pronóstico en varios cánceres; en melanoma avanzado, superar dos veces el límite superior normal reclasifica a peor pronóstico. Una muerte tumoral masiva también eleva LDH y participa en la lectura del síndrome de lisis tumoral.
Pregunta clave: ¿Cómo conecta la LDH el metabolismo y la muerte celular tumoral con pronóstico y urgencia oncológica?
La LDH no es específica de un tumor: refleja fermentación de glucosa por células tumorales aun con oxígeno disponible y también necrosis tumoral espontánea. Su elevación se asocia al pronóstico en varios cánceres; en melanoma avanzado, superar dos veces el límite superior normal reclasifica a peor pronóstico. Una muerte tumoral masiva también eleva LDH y participa en la lectura del síndrome de lisis tumoral. Precisamente por no ser específica de ningún tumor, esta enzima es el marcador pronóstico más robusto en varios tipos de cáncer a la vez, como los linfomas, las leucemias, el mieloma y el melanoma avanzado: en el melanoma, una concentración de esta enzima que supera más del doble del límite superior normal reclasifica el estadio más avanzado de la enfermedad en una categoría de peor pronóstico. La lactato deshidrogenasa refleja algo distinto de todos los marcadores anteriores: no es una molécula específica de ningún tumor en particular, sino una enzima que revela qué tan intensamente están fermentando la glucosa las propias células tumorales incluso cuando tienen oxígeno disponible para no tener que hacerlo —una preferencia metabólica característica de las células tumorales—, además de reflejar la velocidad con la que el propio tumor se está necrosando espontáneamente. En conjunto, todos estos marcadores tumorales —el marcador prostático con sus refinamientos para la zona gris, el antígeno carcinoembrionario y el marcador ovárico que validan la respuesta al tratamiento y anticipan la recidiva, la alfafetoproteína que permite diagnosticar directamente un cáncer de hígado, la lactato deshidrogenasa que refleja el metabolismo y la necrosis del tumor en múltiples tipos de cáncer a la vez, y la dependencia de todos ellos de la prevalencia de la enfermedad en la población estudiada— son los que la práctica oncológica combina para seguir la evolución de un tumor ya diagnosticado, detectar su recidiva lo antes posible, y estimar el pronóstico del paciente. La misma enzima sirve además como marcador de una urgencia oncológica distinta, el síndrome de lisis tumoral, en el que una gran cantidad de células tumorales mueren de golpe y liberan hacia la sangre su contenido intracelular.
ID:4342
Grupo 6: Grupo 6: Bayes, prevalencia y valor predictivo
Descripción
El valor predictivo positivo de un marcador depende críticamente de sensibilidad, especificidad y prevalencia de enfermedad en la población examinada. Con sensibilidad de 80% y especificidad de 95%, el texto ilustra que una prevalencia de 1% produce un valor predictivo positivo cercano a 14%, mientras una prevalencia de 20% lo eleva a cerca de 76%. Esta dependencia explica por qué los marcadores son más útiles en seguimiento de pacientes ya diagnosticados que como cribado poblacional general.
Pregunta clave: ¿Cómo determina la prevalencia la probabilidad de cáncer después de un marcador positivo?
El valor predictivo positivo de un marcador depende críticamente de sensibilidad, especificidad y prevalencia de enfermedad en la población examinada. Con sensibilidad de 80% y especificidad de 95%, el texto ilustra que una prevalencia de 1% produce un valor predictivo positivo cercano a 14%, mientras una prevalencia de 20% lo eleva a cerca de 76%. Esta dependencia explica por qué los marcadores son más útiles en seguimiento de pacientes ya diagnosticados que como cribado poblacional general. Qué tan bien predice un resultado positivo de cualquiera de estos marcadores que el paciente realmente tiene cáncer depende, de forma crítica, de qué tan frecuente es ese cáncer en la población de pacientes que se está estudiando —una relación entre el resultado de una prueba y la probabilidad real de enfermedad que describe el teorema de Bayes—: un marcador que detecta correctamente al ochenta por ciento de los pacientes enfermos y que da un resultado negativo correcto en el noventa y cinco por ciento de los sanos predice correctamente la presencia de cáncer en apenas un catorce por ciento de los casos cuando se aplica a una población en la que solo un uno por ciento realmente tiene esa enfermedad, pero predice correctamente en un setenta y seis por ciento de los casos cuando se aplica a una población en la que un veinte por ciento ya tiene la enfermedad. En conjunto, todos estos marcadores tumorales —el marcador prostático con sus refinamientos para la zona gris, el antígeno carcinoembrionario y el marcador ovárico que validan la respuesta al tratamiento y anticipan la recidiva, la alfafetoproteína que permite diagnosticar directamente un cáncer de hígado, la lactato deshidrogenasa que refleja el metabolismo y la necrosis del tumor en múltiples tipos de cáncer a la vez, y la dependencia de todos ellos de la prevalencia de la enfermedad en la población estudiada— son los que la práctica oncológica combina para seguir la evolución de un tumor ya diagnosticado, detectar su recidiva lo antes posible, y estimar el pronóstico del paciente. Ninguno de estos marcadores es suficientemente sensible ni suficientemente específico como para usarse por sí solo para buscar cáncer en la población general sin ningún síntoma previo —con la excepción parcial del marcador prostático en contextos muy específicos—, pero todos resultan sumamente valiosos para seguir la respuesta de un tumor ya diagnosticado al tratamiento, para detectar una recidiva antes de que se haga evidente clínicamente, y para estimar el pronóstico del paciente. El marcador ovárico se usa de forma parecida para seguir a las pacientes con cáncer de ovario durante y después de la quimioterapia: se considera que la paciente está respondiendo al tratamiento cuando este marcador baja al menos a la mitad de su valor inicial hacia el tercer mes de quimioterapia, y la propia velocidad con la que desciende, que sigue una caída de tipo exponencial, se correlaciona directamente con cuánto tiempo sobrevive después la paciente: cuanto más rápido desciende este marcador durante el tratamiento, mejor es el pronóstico.
ID:4343
Grupo 7: Grupo 7: Integración oncológica de marcadores
Descripción
La práctica oncológica combina los marcadores según su función clínica: refinamiento de riesgo, seguimiento terapéutico, detección precoz de recidiva, diagnóstico inicial y pronóstico. Ningún marcador aislado es suficientemente sensible y específico para cribado poblacional general, salvo una excepción parcial del PSA en contextos específicos. La utilidad global aumenta cuando la probabilidad previa de enfermedad ya es alta.
Pregunta clave: ¿Cómo se integran marcadores con funciones distintas para seguimiento, recidiva, diagnóstico y pronóstico?
La práctica oncológica combina los marcadores según su función clínica: refinamiento de riesgo, seguimiento terapéutico, detección precoz de recidiva, diagnóstico inicial y pronóstico. Ningún marcador aislado es suficientemente sensible y específico para cribado poblacional general, salvo una excepción parcial del PSA en contextos específicos. La utilidad global aumenta cuando la probabilidad previa de enfermedad ya es alta. Esta es precisamente la razón por la que estos marcadores tumorales resultan mucho más útiles para seguir a un paciente que ya tiene un diagnóstico establecido de cáncer —donde la probabilidad de recidiva ya es relativamente alta— que para buscar cáncer en la población general, donde la enfermedad es rara y la mayoría de los resultados positivos terminarían siendo falsos positivos. Ninguno de estos marcadores es suficientemente sensible ni suficientemente específico como para usarse por sí solo para buscar cáncer en la población general sin ningún síntoma previo —con la excepción parcial del marcador prostático en contextos muy específicos—, pero todos resultan sumamente valiosos para seguir la respuesta de un tumor ya diagnosticado al tratamiento, para detectar una recidiva antes de que se haga evidente clínicamente, y para estimar el pronóstico del paciente. En conjunto, todos estos marcadores tumorales —el marcador prostático con sus refinamientos para la zona gris, el antígeno carcinoembrionario y el marcador ovárico que validan la respuesta al tratamiento y anticipan la recidiva, la alfafetoproteína que permite diagnosticar directamente un cáncer de hígado, la lactato deshidrogenasa que refleja el metabolismo y la necrosis del tumor en múltiples tipos de cáncer a la vez, y la dependencia de todos ellos de la prevalencia de la enfermedad en la población estudiada— son los que la práctica oncológica combina para seguir la evolución de un tumor ya diagnosticado, detectar su recidiva lo antes posible, y estimar el pronóstico del paciente. La alfafetoproteína, en cambio, no se usa principalmente para seguimiento sino para el diagnóstico inicial: en un paciente con cirrosis del hígado, una concentración de esta proteína por encima de cuatrocientos nanogramos por mililitro, junto con una imagen del hígado compatible con un tumor, permite diagnosticar directamente un cáncer primario del hígado sin necesidad de confirmarlo con una biopsia.
ID:4344
