Modelo Conceptual
Descripción
Modelo A9 - Trastornos neurológicos motores
El modelo conceptual busca comprender los mecanismos que dan origen a un comportamiento, y describirlos de la forma más simple posible. Para eso, el comportamiento se segmenta en temas (grupos): cada uno identifica los objetos o variables que participan —tanto en su funcionamiento normal como en sus posibles anomalías o desviaciones— y describe, mediante verbos, la forma en que esos objetos interactúan entre sí. El resultado es lo que llamamos una red semántica: la estructura con la que representamos y comunicamos el modelo conceptual, antes de introducir ecuación alguna.
ID:3760
Estructura de los Grupos
Descripción
El primer paso consiste en analizar la descripción general del modelo e identificar los distintos aspectos que intervienen en el fenómeno y que deben ser representados. Cada uno de estos aspectos se organiza como un grupo, entendido como una unidad conceptual coherente que describe una parte específica del funcionamiento del modelo.
Cada grupo reúne los objetos o conceptos relevantes para ese aspecto y las relaciones o verbos que describen cómo interactúan, se modifican o dependen unos de otros. De esta manera, cada grupo constituye una parte de la red semántica del modelo, mientras que el conjunto de los grupos permite representar de forma estructurada su funcionamiento global.
La división en grupos facilita además separar mecanismos, condiciones, procesos y resultados que cumplen funciones diferentes dentro del modelo, manteniendo al mismo tiempo las relaciones que existen entre ellos. Los grupos no son, por tanto, componentes aislados: pueden compartir conceptos y establecer relaciones entre sí, formando conjuntamente una única representación semántica del fenómeno.
La imagen anterior ofrece una visión general de los distintos aspectos en que se ha estructurado el modelo. A continuación se presentan los grupos identificados, indicando para cada uno su título y una breve descripción del aspecto del modelo que representa.
Grupo 1: Grupo 1: Daño neurológico y divergencia del déficit motor
El daño del sistema nervioso central o periférico es el origen común de las alteraciones del control del movimiento. La fuente establece que un mismo origen neurológico puede expresarse por cuatro vías físicas diferentes, sin especificar una magnitud única de daño ni una relación cuantitativa que determine cuál vía predomina.
Grupo 2: Grupo 2: Espasticidad y resistencia dependiente de velocidad
El daño neurológico aumenta el término proporcional del controlador motor de una manera dependiente de la velocidad. Cuando aumenta la velocidad de movimiento o estiramiento, aumenta ese término y, con ello, aumenta la resistencia muscular al movimiento. La fuente describe una dependencia creciente con la velocidad, pero no fija umbral, saturación ni forma funcional.
Grupo 3: Grupo 3: Paresia, plejía y pérdida de activación muscular
El daño neurológico reduce la activación muscular enviada al músculo. Una reducción parcial de la activación produce paresia y una reducción completa produce plejía, por lo que la magnitud residual de activación determina cualitativamente la categoría del déficit. La fuente sí establece los casos parcial y completo, pero no proporciona umbrales cuantitativos para graduar la paresia.
Grupo 4: Grupo 4: Ataxia y aumento del error de movimiento
El daño neurológico aumenta el error de movimiento dentro del controlador motor. Al aumentar ese error, la trayectoria real se separa más de la trayectoria que debería producir el controlador, generando movimientos progresivamente más descoordinados e imprecisos. La fuente establece una relación creciente entre error y desviación, sin forma funcional cuantitativa.
Grupo 5: Grupo 5: Distonía y coactivación muscular anormal
El daño neurológico provoca activación simultánea e inapropiada de músculos que actúan en sentidos opuestos sobre una articulación. A mayor coactivación anormal, mayor interferencia con la alternancia normal entre músculos antagonistas y mayor tendencia a posturas o movimientos anormales sostenidos. La fuente no cuantifica el grado de coactivación ni su conversión a anormalidad postural.
Grupo 6: Grupo 6: Cuantificación del déficit y orientación de neuro-rehabilitación
Las cuatro alteraciones se distinguen porque afectan componentes físicos diferentes del control motor: término proporcional, activación muscular, error de movimiento y coactivación antagonista. El déficit motor se cuantifica por cuánto se aparta cada componente de su funcionamiento normal; identificar cuál componente está alterado orienta una intervención específica. La fuente establece especificidad terapéutica: tratar una alteración no corrige automáticamente las otras.
ID:1464
Grupo 1: Grupo 1: Daño neurológico y divergencia del déficit motor
Descripción
El daño del sistema nervioso central o periférico es el origen común de las alteraciones del control del movimiento. La fuente establece que un mismo origen neurológico puede expresarse por cuatro vías físicas diferentes, sin especificar una magnitud única de daño ni una relación cuantitativa que determine cuál vía predomina.
Pregunta clave: ¿Cuál es el origen común de las alteraciones físicas del control del movimiento?
El daño del sistema nervioso central o periférico es el origen común de las alteraciones del control del movimiento. La fuente establece que un mismo origen neurológico puede expresarse por cuatro vías físicas diferentes, sin especificar una magnitud única de daño ni una relación cuantitativa que determine cuál vía predomina. El control del movimiento se altera físicamente cuando el sistema nervioso central o el sistema nervioso periférico sufren daño. Ese daño en el sistema nervioso central o periférico no siempre altera el control del movimiento de la misma manera: puede expresarse en cuatro alteraciones físicas distintas. La cuarta alteración es la distonía: el daño en el sistema nervioso central o periférico provoca una coactivación anormal, es decir, una activación muscular simultánea e inapropiada de los músculos que actúan en sentidos opuestos sobre una misma articulación, de modo que ambos músculos se contraen a la vez en lugar de alternarse, y esa coactivación anormal produce posturas o movimientos anormales sostenidos.
ID:2126
Grupo 2: Grupo 2: Espasticidad y resistencia dependiente de velocidad
Descripción
El daño neurológico aumenta el término proporcional del controlador motor de una manera dependiente de la velocidad. Cuando aumenta la velocidad de movimiento o estiramiento, aumenta ese término y, con ello, aumenta la resistencia muscular al movimiento. La fuente describe una dependencia creciente con la velocidad, pero no fija umbral, saturación ni forma funcional.
Pregunta clave: ¿Cómo produce el daño una resistencia muscular que aumenta con la velocidad?
El daño neurológico aumenta el término proporcional del controlador motor de una manera dependiente de la velocidad. Cuando aumenta la velocidad de movimiento o estiramiento, aumenta ese término y, con ello, aumenta la resistencia muscular al movimiento. La fuente describe una dependencia creciente con la velocidad, pero no fija umbral, saturación ni forma funcional. La primera alteración es la espasticidad: el daño en el sistema nervioso central o periférico hace que el término proporcional del controlador motor —el que corrige el movimiento en función de qué tan lejos está de la posición esperada— aumente de una manera que depende de la velocidad del movimiento. El modelo distingue estas cuatro alteraciones —la espasticidad, la paresia o plejía, la ataxia y la distonía— porque cada una afecta un aspecto distinto del control del movimiento: el término proporcional del controlador motor, la activación muscular, el error de movimiento dentro del controlador motor, o el patrón de coactivación entre músculos opuestos. Cuantificar el déficit motor de esta manera permite orientar las intervenciones de neuro-rehabilitación: una intervención dirigida a reducir la espasticidad no corrige una paresia o una plejía, y ninguna de las dos corrige la ataxia o la distonía cuando estas son la alteración que realmente afecta el control del movimiento.
ID:2127
Grupo 3: Grupo 3: Paresia, plejía y pérdida de activación muscular
Descripción
El daño neurológico reduce la activación muscular enviada al músculo. Una reducción parcial de la activación produce paresia y una reducción completa produce plejía, por lo que la magnitud residual de activación determina cualitativamente la categoría del déficit. La fuente sí establece los casos parcial y completo, pero no proporciona umbrales cuantitativos para graduar la paresia.
Pregunta clave: ¿Cómo produce la pérdida de activación paresia o plejía?
El daño neurológico reduce la activación muscular enviada al músculo. Una reducción parcial de la activación produce paresia y una reducción completa produce plejía, por lo que la magnitud residual de activación determina cualitativamente la categoría del déficit. La fuente sí establece los casos parcial y completo, pero no proporciona umbrales cuantitativos para graduar la paresia. La segunda alteración es la paresia o la plejía: el mismo daño en el sistema nervioso central o periférico reduce la activación muscular que llega al músculo, es decir, la señal que el sistema nervioso envía para que el músculo se contraiga. Cuando esa activación muscular se reduce parcialmente, se produce paresia; cuando se reduce por completo, se produce plejía. El modelo distingue estas cuatro alteraciones —la espasticidad, la paresia o plejía, la ataxia y la distonía— porque cada una afecta un aspecto distinto del control del movimiento: el término proporcional del controlador motor, la activación muscular, el error de movimiento dentro del controlador motor, o el patrón de coactivación entre músculos opuestos.
ID:2128
Grupo 4: Grupo 4: Ataxia y aumento del error de movimiento
Descripción
El daño neurológico aumenta el error de movimiento dentro del controlador motor. Al aumentar ese error, la trayectoria real se separa más de la trayectoria que debería producir el controlador, generando movimientos progresivamente más descoordinados e imprecisos. La fuente establece una relación creciente entre error y desviación, sin forma funcional cuantitativa.
Pregunta clave: ¿Cómo produce el aumento del error movimientos descoordinados e imprecisos?
El daño neurológico aumenta el error de movimiento dentro del controlador motor. Al aumentar ese error, la trayectoria real se separa más de la trayectoria que debería producir el controlador, generando movimientos progresivamente más descoordinados e imprecisos. La fuente establece una relación creciente entre error y desviación, sin forma funcional cuantitativa. La tercera alteración es la ataxia: el daño en el sistema nervioso central o periférico aumenta el error de movimiento dentro del controlador motor, de modo que el movimiento real se aleja cada vez más de la trayectoria que el controlador motor debería producir, y el resultado son movimientos descoordinados e imprecisos. El modelo distingue estas cuatro alteraciones —la espasticidad, la paresia o plejía, la ataxia y la distonía— porque cada una afecta un aspecto distinto del control del movimiento: el término proporcional del controlador motor, la activación muscular, el error de movimiento dentro del controlador motor, o el patrón de coactivación entre músculos opuestos. Cuantificar el déficit motor de esta manera permite orientar las intervenciones de neuro-rehabilitación: una intervención dirigida a reducir la espasticidad no corrige una paresia o una plejía, y ninguna de las dos corrige la ataxia o la distonía cuando estas son la alteración que realmente afecta el control del movimiento.
ID:2129
Grupo 5: Grupo 5: Distonía y coactivación muscular anormal
Descripción
El daño neurológico provoca activación simultánea e inapropiada de músculos que actúan en sentidos opuestos sobre una articulación. A mayor coactivación anormal, mayor interferencia con la alternancia normal entre músculos antagonistas y mayor tendencia a posturas o movimientos anormales sostenidos. La fuente no cuantifica el grado de coactivación ni su conversión a anormalidad postural.
Pregunta clave: ¿Cómo produce la coactivación antagonista posturas o movimientos anormales sostenidos?
El daño neurológico provoca activación simultánea e inapropiada de músculos que actúan en sentidos opuestos sobre una articulación. A mayor coactivación anormal, mayor interferencia con la alternancia normal entre músculos antagonistas y mayor tendencia a posturas o movimientos anormales sostenidos. La fuente no cuantifica el grado de coactivación ni su conversión a anormalidad postural. La cuarta alteración es la distonía: el daño en el sistema nervioso central o periférico provoca una coactivación anormal, es decir, una activación muscular simultánea e inapropiada de los músculos que actúan en sentidos opuestos sobre una misma articulación, de modo que ambos músculos se contraen a la vez en lugar de alternarse, y esa coactivación anormal produce posturas o movimientos anormales sostenidos. El modelo distingue estas cuatro alteraciones —la espasticidad, la paresia o plejía, la ataxia y la distonía— porque cada una afecta un aspecto distinto del control del movimiento: el término proporcional del controlador motor, la activación muscular, el error de movimiento dentro del controlador motor, o el patrón de coactivación entre músculos opuestos. Cuantificar el déficit motor de esta manera permite orientar las intervenciones de neuro-rehabilitación: una intervención dirigida a reducir la espasticidad no corrige una paresia o una plejía, y ninguna de las dos corrige la ataxia o la distonía cuando estas son la alteración que realmente afecta el control del movimiento.
ID:2130
Grupo 6: Grupo 6: Cuantificación del déficit y orientación de neuro-rehabilitación
Descripción
Las cuatro alteraciones se distinguen porque afectan componentes físicos diferentes del control motor: término proporcional, activación muscular, error de movimiento y coactivación antagonista. El déficit motor se cuantifica por cuánto se aparta cada componente de su funcionamiento normal; identificar cuál componente está alterado orienta una intervención específica. La fuente establece especificidad terapéutica: tratar una alteración no corrige automáticamente las otras.
Pregunta clave: ¿Cómo se cuantifica el déficit físico y se orienta una intervención específica?
Las cuatro alteraciones se distinguen porque afectan componentes físicos diferentes del control motor: término proporcional, activación muscular, error de movimiento y coactivación antagonista. El déficit motor se cuantifica por cuánto se aparta cada componente de su funcionamiento normal; identificar cuál componente está alterado orienta una intervención específica. La fuente establece especificidad terapéutica: tratar una alteración no corrige automáticamente las otras. El modelo distingue estas cuatro alteraciones —la espasticidad, la paresia o plejía, la ataxia y la distonía— porque cada una afecta un aspecto distinto del control del movimiento: el término proporcional del controlador motor, la activación muscular, el error de movimiento dentro del controlador motor, o el patrón de coactivación entre músculos opuestos. Esta distinción permite cuantificar el déficit motor en términos físicos, según cuánto se aparta cada uno de esos aspectos de su funcionamiento normal. Cuantificar el déficit motor de esta manera permite orientar las intervenciones de neuro-rehabilitación: una intervención dirigida a reducir la espasticidad no corrige una paresia o una plejía, y ninguna de las dos corrige la ataxia o la distonía cuando estas son la alteración que realmente afecta el control del movimiento.
ID:2131
