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Evaluación y uso del Modelo

Descripción

Modelo D1 - Medición de flujo hídrico

El modelo se evalúa tanto en forma formal como empírica. La evaluación formal determina en qué medida la red lógica se basa en principios físicos o en relaciones matemáticas ajustadas a la realidad pero sin sustento causal, y en qué medida cada variable proviene de un principio general o de un ajuste específico a la operación observada. La evaluación empírica, en paralelo, corre experimentos o compara con datos medidos para validar que el modelo predice correctamente lo que va a ocurrir.

Tras estas validaciones —y con las incertidumbres y resguardos que corresponda mantener— el modelo puede usarse en simuladores que pronostican el comportamiento del sistema según la situación que se está estudiando.

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Estructura de los Grupos

Descripción

El primer paso consiste en analizar la descripción general del modelo e identificar los distintos aspectos que intervienen en el fenómeno y que deben ser representados. Cada uno de estos aspectos se organiza como un grupo, entendido como una unidad conceptual coherente que describe una parte específica del funcionamiento del modelo.



Cada grupo reúne los objetos o conceptos relevantes para ese aspecto y las relaciones o verbos que describen cómo interactúan, se modifican o dependen unos de otros. De esta manera, cada grupo constituye una parte de la red semántica del modelo, mientras que el conjunto de los grupos permite representar de forma estructurada su funcionamiento global.



La división en grupos facilita además separar mecanismos, condiciones, procesos y resultados que cumplen funciones diferentes dentro del modelo, manteniendo al mismo tiempo las relaciones que existen entre ellos. Los grupos no son, por tanto, componentes aislados: pueden compartir conceptos y establecer relaciones entre sí, formando conjuntamente una única representación semántica del fenómeno.







La imagen anterior ofrece una visión general de los distintos aspectos en que se ha estructurado el modelo. A continuación se presentan los grupos identificados, indicando para cada uno su título y una breve descripción del aspecto del modelo que representa.



Grupo 1: Grupo 1: Disponibilidad hídrica del suelo

El potencial hídrico del suelo determina cuánta agua está disponible para la absorción radical. Un potencial hídrico del suelo mayor facilita que la raíz absorba agua, mientras que uno menor dificulta sostener el mismo transporte. La conductividad del suelo puede convertirse en el cuello de botella cuando el propio suelo restringe la entrega de agua a la raíz.



Grupo 2: Grupo 2: Absorción radical y conducción por xilema

Después de la absorción por la raíz, el agua atraviesa el xilema hacia la hoja. Una conductividad hidráulica del xilema mayor permite transportar más agua por unidad de tiempo y una menor restringe el transporte; la raíz también puede constituir un cuello de botella si no logra absorber o transportar el agua disponible.



Grupo 3: Grupo 3: Gradiente hídrico y transpiración foliar

El potencial hídrico de la hoja, junto con el potencial hídrico del suelo, define la diferencia de potencial que impulsa el transporte en el continuo suelo-planta-atmósfera. La tasa de transpiración cuantifica el agua liberada desde la hoja hacia el aire por unidad de tiempo; una tasa mayor corresponde a una finalización más rápida del transporte a través del continuo.



Grupo 4: Grupo 4: Cavitación y daño hidráulico

Cuando el transporte exigido supera lo que el xilema puede sostener, aparece cavitación en forma de burbujas que interrumpen los conductos. Un mayor grado de cavitación resta conductividad hidráulica disponible; cuando la pérdida de conductividad supera un umbral cercano al 88 %, el daño del xilema se considera irreversible.



Grupo 5: Grupo 5: Diagnóstico de estrés y localización del cuello de botella

El potencial hídrico foliar, la conductividad hidráulica del xilema, la transpiración y la cavitación se combinan para diagnosticar estrés hídrico antes del daño irreversible. Junto con las medidas del suelo, permiten localizar el cuello de botella en la conductividad del suelo, la raíz o el xilema aéreo según qué tramo restrinja el transporte pese al funcionamiento de los demás.

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