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S5 Mamíferos terrestres

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Este mamífero exhibe una gran diversidad sensorial, adaptada al nicho ecológico de cada especie. Un perro presenta un sistema olfativo extremadamente desarrollado, con numerosos receptores y tipos de receptores olfativos funcionales, muy por encima de los que ya establece otro modelo de este conjunto sobre un ser humano equivalente. Mediante la misma cinética de unión receptor-ligando que ya describe otro modelo de este conjunto, puede detectar concentraciones extraordinariamente bajas de moléculas odorantes. Que disponga de una mayor diversidad de receptores olfativos funcionales hace que aumente también su capacidad para discriminar entre diferentes mezclas de olores.

La vibrisa de un roedor o de un carnívoro constituye, en cambio, un sistema táctil de gran precisión. Su flexión frente a una fuerza puede describirse de manera análoga a una viga elástica de Euler-Bernoulli, por lo que su sensibilidad depende fuertemente de su longitud y grosor: una vibrisa larga y delgada se deforma más frente a una misma fuerza que una corta y gruesa. Su folículo posee una abundante inervación sensorial, y en una rata cada vibrisa dispone además de una representación específica dentro de la corteza somatosensorial. Que esta vibrisa sea más larga y delgada hace que aumente su sensibilidad frente a pequeñas fuerzas de contacto.

La visión nocturna de numerosos carnívoros se apoya, en cambio, en el tapetum lucidum, una capa reflectante situada detrás de la retina. Esta devuelve hacia los fotorreceptores parte de la luz que atravesó inicialmente la retina sin ser absorbida, proporcionando una nueva oportunidad para detectarla y aumentando así la sensibilidad en condiciones de baja iluminación. Esta ventaja puede tener como contrapartida una menor precisión espacial debido a la dispersión y reflexión de la luz. Que el tapetum lucidum refleje una proporción mayor de los fotones hace que aumente la sensibilidad nocturna, aunque potencialmente a costa de la resolución espacial.

Un roedor utiliza también vocalizaciones ultrasónicas, inaudibles para un ser humano, durante interacciones sociales como el cortejo y el juego, así como en determinadas situaciones de estrés. Una cría separada de su madre puede producir llamadas ultrasónicas, mientras que su sistema auditivo presenta adaptaciones que permiten responder a frecuencias muy superiores al rango audible humano que ya establece otro modelo de este conjunto. Que las condiciones que desencadenan estas llamadas persistan puede hacer que la cría continúe emitiéndolas repetidamente.

Una especialización adicional aparece en las vibrisas de focas y otros pinnípedos. Su geometría permite reducir la perturbación producida por el propio desplazamiento del animal y conservar sensibilidad frente a alteraciones hidrodinámicas externas. Una foca puede así detectar y seguir la estela dejada por una presa que nadó previamente por el lugar, de manera comparable a la detección de campos de flujo mediante la línea lateral de un pez que ya establece otro modelo de este conjunto. Esta capacidad requiere distinguir la señal producida por la presa del ruido asociado al propio movimiento. Que la estela hidrodinámica persista durante más tiempo en el agua hace que la foca pueda detectarla y seguirla a mayor distancia del lugar donde fue generada.

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