A7 Subsidencia Superficial
Tópico
La subsidencia es el hundimiento de la superficie del terreno, un fenómeno que puede producirse por varias vías físicas completamente distintas entre sí, aunque todas ellas terminen manifestándose de la misma manera visible: el suelo que antes estaba a cierta altura, termina quedando más bajo.
La causa más frecuente de la subsidencia, a escala regional, es la extracción de agua subterránea: al bombear agua de un acuífero, se reduce la presión de poro dentro de ese acuífero, y es precisamente esa reducción de presión la que hace que aumente la tensión efectiva que soporta el esqueleto sólido del acuífero, comprimiendo de manera irreversible a las arcillas compresibles que ese esqueleto contiene, en lo que se conoce como la consolidación de Terzaghi. En Ciudad de México, la subsidencia acumulada por este mismo mecanismo ya supera los diez metros.
La disolución kárstica de las rocas carbonatadas, en cambio, sigue un camino completamente distinto hacia el mismo hundimiento: esa disolución va creando cavidades subterráneas cada vez más grandes, hasta que el techo de roca que las cubre pierde su propia resistencia y colapsa de manera súbita, formando las dolinas.
La oxidación de la turba en los humedales que han sido drenados es una tercera vía hacia la subsidencia: al quedar expuesta al oxígeno del aire, esa turba, hecha casi por completo de carbono sólido acumulado durante siglos, se transforma en dióxido de carbono y en agua, y es esa pérdida de materia sólida la que hace que el volumen del suelo se reduzca y su superficie se hunda.
La subsidencia deltáica, por último, ocurre porque los sedimentos finos que forman un delta se compactan bajo su propio peso, un proceso que se agrava cuando el aporte de sedimento fresco que llega desde aguas arriba del río disminuye, dejando de reponer el material que el propio peso del delta sigue compactando.
Todos estos procesos, por distintos que parezcan, comparten en el fondo la misma física de la consolidación: la reducción de la presión de poro aumenta la tensión efectiva, y esa tensión efectiva comprime al esqueleto sólido del material según un coeficiente de compresibilidad propio de cada terreno. Así, desde el hundimiento genérico con el que arranca este documento hasta ese coeficiente de compresibilidad compartido con el que termina, pasando por la extracción de agua subterránea, la disolución kárstica, la oxidación de la turba y la compactación de los deltas, la subsidencia hace que la superficie del terreno, aunque parezca inmóvil, esté constantemente respondiendo a lo que ocurre debajo de ella.
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