M5 Transporte de Calor y Sal
Tópico
El transporte meridional de calor y de sal que realiza el océano es un elemento fundamental del sistema climático: del total de calor que debe transportarse desde el ecuador hacia los polos para mantener el balance energético de la Tierra, el océano se encarga de aproximadamente la mitad, mientras que la atmósfera transporta la otra mitad restante.
En el Atlántico Norte, ese transporte oceánico de calor hacia el polo alcanza una potencia cercana a mil trescientos billones de vatios medida a los veintiséis grados de latitud norte, impulsado principalmente por la circulación de vuelco meridional del Atlántico que ya se describió antes; es precisamente ese calor, devuelto a la atmósfera en el Atlántico subpolar y en el Ártico, el que hace que Europa se mantenga entre cinco y diez grados Celsius más cálida que otros continentes situados en su misma latitud.
Este transporte de calor puede descomponerse en tres mecanismos distintos: el que realiza la circulación media, responsable de la mayor parte del transporte en el Atlántico y ligado directamente a la circulación de vuelco meridional; el que realizan los grandes giros impulsados por el viento, con una componente zonal importante en los trópicos; y el que realizan los remolinos de mesoescala, dominante tanto en la corriente circumpolar antártica como en el resto de los océanos australes.
Es precisamente en la corriente circumpolar antártica, donde no existe una circulación de giros cerrados y donde la circulación de vuelco meridional del Atlántico no logra penetrar, donde estos remolinos de mesoescala se convierten en el mecanismo principal con el que se transportan tanto el calor como las demás propiedades del agua de un lado a otro.
El comportamiento esperado de todo este sistema incluye un transporte neto de calor hacia los polos en ambos hemisferios, con un mínimo justo en el ecuador, y una marcada asimetría entre el norte y el sur: el Atlántico transporta calor hacia el norte en sus dos hemisferios, a diferencia de lo que ocurre en el resto de los océanos. Se observa, además, una tendencia al debilitamiento de este transporte meridional de calor bajo el cambio climático, especialmente en el Atlántico Norte, asociada al propio debilitamiento de la circulación de vuelco meridional que se describió al principio de este documento.
Así, desde la mitad del calor planetario que el océano transporta hacia los polos hasta el debilitamiento de ese mismo transporte bajo el cambio climático, pasando por la circulación media, los giros impulsados por el viento y los remolinos de mesoescala que se reparten la tarea según la región, el transporte meridional de calor y de sal hace que el océano funcione como un segundo motor climático, tan importante como la propia atmósfera, para mantener repartida la energía de todo el planeta.
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