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D2 Perfiles In Situ - Flotadores y Fondeos

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Los perfiles in situ proporcionan medidas directas de la temperatura, la salinidad y otras propiedades a lo largo de toda la columna de agua, sin la limitación que impone la teledetección satelital, que solo puede ver la superficie del océano. La columna vertebral de este sistema de observación in situ es una red global de cerca de cuatro mil flotadores de deriva autónoma que cubren los océanos con perfiles de temperatura y salinidad desde la superficie hasta los dos mil metros de profundidad, repitiendo cada perfil cada diez días, con una precisión de apenas dos milésimas de grado en la temperatura y de una centésima de unidad de salinidad; una extensión de esta misma red lleva esa cobertura hasta los seis mil metros de profundidad, lo que hace que esta red de flotadores autónomos sea, en conjunto, el sistema de observación oceánica in situ más completo que existe.

Cada uno de estos flotadores funciona por boyantez controlada: una vejiga interna cambia de volumen, y ese cambio de volumen es lo que hace que varíe la densidad del flotador respecto a la del agua que lo rodea, controlando así si el flotador asciende o desciende. El ciclo completo empieza cuando el flotador desciende hasta su nivel de deriva, cerca de los mil metros de profundidad, donde permanece derivando durante diez días; después desciende todavía más, hasta los dos mil metros, y desde ahí asciende de nuevo hacia la superficie midiendo la temperatura y la salinidad durante todo ese ascenso. Al llegar a la superficie, el flotador transmite sus datos por satélite antes de volver a hundirse y repetir el mismo ciclo.

A diferencia de estos flotadores, que solo controlan su propia densidad para subir o bajar, los gliders oceánicos son plataformas autónomas que combinan pequeños cambios de boyantez con un par de alas fijas, lo que hace que, en vez de moverse en línea recta hacia arriba o hacia abajo, describan una trayectoria en forma de dientes de sierra mientras avanzan lateralmente. Esa combinación de boyantez y alas les permite cubrir entre treinta y cincuenta kilómetros por día, y pueden mantener ese ritmo durante meses seguidos.

Las amarras con sensores, a diferencia de los flotadores y los gliders, no se mueven en absoluto: son estructuras ancladas al fondo del océano, con flotadores propios que mantienen la línea en tensión vertical, y portan sensores de temperatura, salinidad, corrientes y otras variables a niveles fijos de profundidad. Es precisamente esa inmovilidad la que hace que las amarras con sensores sean indispensables para construir series temporales continuas y de largo plazo, como las que se usan para medir el debilitamiento de la circulación de vuelco meridional del Atlántico o para vigilar de cerca los sistemas de boyas ancladas que siguen a El Niño y La Niña en el Pacífico ecuatorial.

Las boyas de deriva superficial, por último, no se anclan ni se sumergen: derivan libremente siguiendo la corriente superficial del océano, midiendo la temperatura superficial del mar, la presión atmosférica y su propia velocidad de deriva, una velocidad que sirve como sustituto directo de la corriente superficial que las arrastra, lo que hace que estas boyas puedan trazar, con muy poco instrumental, el mapa completo de las corrientes superficiales del planeta. Así, desde los flotadores que suben y bajan por toda la columna de agua, pasando por los gliders que avanzan en zigzag y las amarras que vigilan un mismo punto durante años, hasta las boyas que se dejan llevar por la corriente, los perfiles in situ completan, punto por punto y profundidad por profundidad, lo que la teledetección satelital solo puede ver desde la superficie.

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