M7 Variabilidad de Baja Frecuencia
Tópico
La variabilidad de baja frecuencia agrupa a todas las fluctuaciones de la atmósfera que se sostienen durante periodos que van de varias semanas a varias décadas, mucho más largos que los pocos días que dura un sistema meteorológico individual. Dentro de esta variabilidad de baja frecuencia conviven cuatro fenómenos distintos: el bloqueo atmosférico, que detiene el paso del jet durante días o semanas; los modos anulares, que desplazan al jet y al vórtice polar de norte a sur; las teleconexiones de onda estacionaria, que conectan regiones muy alejadas entre sí; y los calentamientos súbitos estratosféricos, que acoplan la estratosfera con la troposfera en escalas de semanas. Es precisamente esta variedad de escalas de tiempo y de mecanismos la que hace que la variabilidad de baja frecuencia sea mucho más difícil de predecir que el tiempo día a día.
El bloqueo atmosférico es, dentro de esta variabilidad de baja frecuencia, el fenómeno de escala más corta: un anticiclón se instala en una posición anómala y detiene ahí al jet durante un periodo de entre cinco y treinta días, produciendo anomalías meteorológicas persistentes como olas de calor o inundaciones. Lo que sostiene a ese anticiclón en su lugar es una interacción no lineal entre el flujo medio y las ondas de Rossby: cuando esas ondas de Rossby se vuelven lo bastante amplias, hace que se forme una circulación de dipolo persistente, un par de centros de circulación opuestos que, entre los dos, cierran el paso al flujo zonal que en condiciones normales atravesaría la región.
Los modos anulares son, dentro de esta misma variabilidad de baja frecuencia, un tipo de fluctuación distinto: en vez de bloquear el flujo en un solo lugar, desplazan de manera conjunta al jet y al vórtice polar hacia el norte o hacia el sur. La Oscilación Ártica y la Oscilación del Atlántico Norte son las versiones de este modo anular que gobiernan el hemisferio norte, mientras que la Oscilación Antártica hace lo mismo en el hemisferio sur; en los tres casos, cuando el modo anular correspondiente entra en su fase negativa, hace que el jet y el vórtice polar se contraigan hacia latitudes más bajas de lo habitual.
Además de estos modos anulares, existen teleconexiones de otro tipo, formadas por ondas de Rossby que quedan estacionarias en vez de desplazarse: el patrón Pacífico-Norteamérica y el patrón Pacífico-Sudamérica son los ejemplos más conocidos, y ambos hacen que la actividad de la convección tropical del Pacífico se conecte con anomalías de presión que aparecen, muy lejos de allí, sobre Norteamérica o sobre Sudamérica.
El último miembro de la variabilidad de baja frecuencia son los calentamientos súbitos estratosféricos, que interrumpen al vórtice polar estratosférico en la propia estratosfera y hacen que esa perturbación se propague hacia abajo hasta llegar a la troposfera en un plazo de entre dos y seis semanas. Al llegar a la troposfera, esa misma perturbación fuerza a la Oscilación Ártica hacia su fase negativa, y esa fase negativa es la que hace que aumente la frecuencia con la que el aire ártico irrumpe hacia las latitudes medias.
Así, desde el bloqueo atmosférico que puede resolverse en un par de semanas hasta los modos anulares y las teleconexiones que pueden mantener una misma fase durante meses o incluso años, la variabilidad de baja frecuencia reúne mecanismos de muy distinta duración bajo un mismo denominador común: todos ellos nacen de cómo se comportan las ondas de Rossby, ya sea deteniéndose en un bloqueo, desplazando a un modo anular, quedando estacionarias en una teleconexión, o propagándose verticalmente hasta desencadenar un calentamiento súbito estratosférico, y es esa variedad de comportamientos la que hace que la atmósfera recuerde, semanas o décadas después, la perturbación que le dio origen.
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