E6 Nieve
Tópico
La nieve es un medio poroso y heterogéneo cuyas propiedades físicas, entre ellas su densidad, su conductividad térmica, su permeabilidad y su albedo, cambian de forma continua a través de un proceso de metamorfismo: los granos de nieve se recristalizan y se sueldan lentamente entre sí, impulsados por los gradientes de temperatura y de presión de vapor que existen dentro del propio manto de nieve. La nieve recién depositada tiene una densidad de entre cincuenta y ciento cincuenta kilogramos por metro cúbico y refleja entre un ochenta y un noventa por ciento de la radiación solar que recibe, pero tras semanas o meses de metamorfismo esa misma nieve aumenta su densidad hasta entre trescientos y quinientos kilogramos por metro cúbico mientras su reflectividad cae hasta apenas entre un cuarenta y un setenta por ciento.
Bajo el peso de las capas de nieve que se acumulan encima de ella, año tras año, la nieve ya metamorfoseada se compacta todavía más y se transforma en firn, con una densidad de entre cuatrocientos y ochocientos kilogramos por metro cúbico, y ese mismo firn, comprimido durante el tiempo suficiente, termina convirtiéndose en hielo glaciar propiamente dicho una vez que su densidad supera los ochocientos treinta kilogramos por metro cúbico.
El calor se transfiere a través del manto de nieve principalmente por conducción directa entre los granos de nieve, aunque también se transfiere por la convección del vapor de agua que se desplaza siguiendo los gradientes de temperatura internos, y por el calor latente que el propio metamorfismo libera cuando los granos de nieve se recristalizan. La conductividad térmica del manto de nieve depende fuertemente de su densidad, y varía casi cien veces entre la nieve recién caída, muy liviana y muy poco conductora, y la nieve ya compactada, mucho más densa y mucho más conductora; esta conductividad tan baja de la nieve liviana es lo que convierte al manto de nieve en un excelente aislante térmico, capaz de proteger al suelo que tiene debajo de las temperaturas frías del invierno, el mismo efecto que produce un iglú construido con bloques de nieve.
El balance de energía del manto de nieve determina si ese manto de nieve funde en superficie o si, por el contrario, sigue congelándose todavía más: en la superficie del manto de nieve, la nieve intercambia con la atmósfera tanto radiación solar de onda corta, de la que refleja una fracción muy alta gracias a su propio albedo, como radiación de onda larga, que la nieve emite hacia la atmósfera con una eficiencia cercana al noventa y ocho por ciento. A ese intercambio de radiación se suman el calor sensible y el calor latente turbulentos, que dependen de los gradientes de temperatura y de humedad que existen justo encima de la superficie del manto de nieve.
Cuando el balance de energía del manto de nieve favorece la fusión, el agua líquida que se produce percola hacia el interior del propio manto de nieve, y esa agua líquida que percola puede escurrir hacia afuera del manto de nieve como escorrentía, o puede volver a congelarse al encontrar una capa más profunda y más fría dentro del mismo manto de nieve, formando así una capa de hielo interna dentro de la estructura de nieve, firn y hielo glaciar que esta descripción fue construyendo desde el comienzo.
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