D1 Bioquímica básica
Tópico
La bioquímica básica mide concentraciones de metabolitos e iones en la sangre para evaluar el estado metabólico y las funciones renal y hepática. Muchas determinaciones utilizan reacciones enzimáticas que generan productos coloreados cuya absorción de luz depende de la concentración del analito. Mediante la ley de Beer-Lambert, esta absorción permite determinar cuantitativamente la concentración presente en la muestra.
Uno de los indicadores derivados de estas mediciones es el anión gap, calculado restando al sodio la suma del cloro y el bicarbonato. Cuando aumenta por encima de su valor de referencia, indica la presencia de aniones no medidos y orienta hacia una acidosis causada por acumulación de sustancias como lactato, cetoácidos, productos retenidos por insuficiencia renal, salicilatos o metabolitos de alcoholes tóxicos. Si existe acidosis metabólica pero el anión gap permanece normal, puede tratarse de una pérdida de bicarbonato, como ocurre en la diarrea o en determinados trastornos tubulares renales.
La brecha osmolar proporciona información complementaria. Se obtiene comparando la osmolalidad plasmática medida directamente con la calculada a partir de las concentraciones conocidas de sodio, glucosa y nitrógeno ureico. Sustancias no incluidas en el cálculo, como metanol o etilenglicol, pueden elevar la osmolalidad medida y producir una diferencia entre ambos valores. La combinación de una brecha osmolar aumentada y una acidosis con anión gap elevado puede así orientar hacia la presencia de estos alcoholes tóxicos.
La osmolalidad plasmática refleja la concentración total de partículas osmóticamente activas de la sangre. Su valor calculado depende principalmente del sodio, con contribuciones menores de glucosa y nitrógeno ureico. Cuando el sodio aumenta, la osmolalidad tiende a elevarse y el agua se desplaza desde las células hacia el plasma, provocando deshidratación celular. Cuando el sodio disminuye, ocurre el movimiento contrario y las células incorporan agua. Esta hinchazón resulta especialmente peligrosa en el cerebro, donde puede producir edema cerebral.
La función renal se evalúa de forma indirecta mediante la creatinina plasmática. Como esta sustancia es filtrada por el riñón y solo una cantidad relativamente pequeña es secretada adicionalmente por los túbulos, su concentración proporciona información sobre la capacidad de filtración renal. A partir de la creatinina y características del paciente como edad y sexo se estima la tasa de filtración glomerular. Una disminución de esta tasa indica deterioro de la función renal y permite clasificar la enfermedad renal crónica en diferentes categorías de gravedad, información fundamental para el seguimiento clínico y para ajustar medicamentos cuya eliminación depende del riñón.
La evaluación hepática utiliza, entre otros parámetros, las aminotransferasas ALT y AST. Estas enzimas se encuentran normalmente dentro de las células y aumentan en la sangre cuando existe lesión hepatocelular. Elevaciones importantes pueden aparecer, por ejemplo, en hepatitis viral, toxicidad por medicamentos o daño isquémico. El patrón relativo de ambas enzimas aporta información adicional: un predominio de ALT puede observarse en hepatitis viral, mientras que una relación AST/ALT marcadamente elevada orienta hacia daño hepático asociado al alcohol. Su evolución temporal también ayuda a seguir la progresión del daño.
Estos parámetros no funcionan de manera aislada, sino que se interpretan conjuntamente. El anión gap y la brecha osmolar ayudan a investigar las causas de una acidosis metabólica; el sodio y la osmolalidad permiten evaluar la distribución de agua y el riesgo de alteraciones celulares; la creatinina y la tasa de filtración glomerular estimada informan sobre la capacidad funcional del riñón, y las aminotransferasas permiten detectar y caracterizar lesión hepatocelular.
De este modo, a partir de una muestra de sangre y de relaciones calculadas entre sus componentes, la bioquímica básica permite reconstruir aspectos fundamentales del equilibrio metabólico del organismo. La combinación de concentraciones directamente medidas con indicadores derivados transforma un conjunto de metabolitos, electrolitos y enzimas en herramientas para detectar alteraciones metabólicas, valorar la función renal y reconocer daño hepático, además de orientar decisiones diagnósticas y terapéuticas.
ID:2248
