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M2 Circulación Impulsada Por Viento

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La circulación oceánica superficial está dominada por el viento, que ejerce sobre la superficie del mar una fuerza de arrastre conocida como la tensión del viento, y es precisamente esa tensión la que hace que se pongan en marcha los grandes giros subtropicales y subpolares que dominan la circulación de todos los océanos.

La teoría de Sverdrup relaciona el bombeo vertical de Ekman, que se produce cuando el transporte superficial de Ekman diverge o converge, con la vorticidad que el propio campo de viento imprime sobre el océano; es esa relación la que hace que, en el interior del océano, el transporte meridional de agua quede completamente determinado por la vorticidad del viento, sin que haga falta conocer nada sobre la estratificación de esas aguas.

La intensificación de las corrientes de borde oeste —la Corriente del Golfo, la Corriente de Kuroshio, la Corriente de Brasil, la Corriente de Agulhas y la Corriente de Malvinas— es una consecuencia directa de cómo varía el parámetro de Coriolis con la latitud: es esa variación la que hace que la solución de Sverdrup sea incapaz de satisfacer la condición que exige la costa oeste de cada cuenca oceánica sin recurrir a una corriente de borde oeste intensa y estrecha que cierre el giro.

La corriente circumpolar antártica es la única corriente oceánica de gran tamaño que logra circular alrededor de todo el planeta sin que ningún continente se interponga en su camino; es la ausencia de esos obstáculos continentales, junto con el impulso constante de los vientos del oeste, la que hace que esta corriente no pueda cerrarse en un giro de Sverdrup como sí ocurre con los giros subtropicales descritos antes.

El comportamiento esperado de todos estos giros incluye, en primer lugar, grandes giros subtropicales anticiclónicos que circulan en sentido horario en el hemisferio norte y en sentido antihorario en el hemisferio sur, transportando en conjunto entre treinta y cien millones de metros cúbicos de agua por segundo; ese mismo transporte se reparte de manera muy desigual entre una corriente de borde oeste angosta y rápida, de apenas cien kilómetros de ancho y con velocidades de entre uno y dos metros por segundo, y una corriente de retorno interior mucho más lenta y ancha, de unos mil kilómetros de ancho y con velocidades de apenas una centésima a una décima de metro por segundo. Es precisamente el bombeo de Ekman el que hace que el agua se hunda, a un ritmo de apenas una millonésima de metro por segundo, en el centro de estos giros anticiclónicos, mientras que ese mismo bombeo produce afloramiento en las latitudes donde se ubican los giros ciclónicos subpolares.

Así, desde la tensión del viento con la que arranca este documento hasta el afloramiento subpolar con el que termina, pasando por el balance de Sverdrup, la intensificación de las corrientes de borde oeste y la corriente circumpolar antártica que escapa a ese mismo balance, el viento hace que la circulación oceánica superficial se organice en una jerarquía de giros rápidos y estrechos junto a las costas, y lentos y anchos en el interior de cada cuenca.

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