E9 Interacción Océano - Criósfera
Tópico
La interacción del océano con la criosfera ocurre principalmente en las regiones polares, donde la formación y la fusión del hielo marino controlan la densidad del agua superficial del océano y, a través de esa densidad, la ventilación del océano profundo. Es precisamente esa capacidad del hielo marino para modificar la densidad del agua que tiene debajo la que hace que las regiones polares actúen como uno de los pocos lugares del planeta donde la superficie del océano logra comunicarse directamente con sus capas más profundas.
Cuando el agua de mar se congela, los cristales de hielo que se forman están hechos casi exclusivamente de agua, sin apenas sal, de modo que toda la sal que había disuelta en esa agua queda expulsada hacia el agua que queda justo debajo del hielo. Es esa expulsión de sal la que hace que la salinidad y la densidad de las aguas subsuperficiales polares aumenten progresivamente, hasta el punto de que esas aguas terminan hundiéndose y formando el agua más densa de todo el océano: el agua de fondo antártica en el caso de la Antártica, y el agua profunda del Atlántico Norte en el caso del Atlántico Norte.
Las plataformas de hielo flotante de la Antártica interactúan con el océano a través de la base del hielo, donde el agua profunda circumpolar, una masa de agua relativamente cálida con una temperatura de entre uno y dos grados Celsius, penetra en las cavidades que hay bajo las plataformas. Es esa penetración de agua cálida bajo el hielo la que hace que la base de las plataformas se derrita a tasas de entre uno y cien metros al año, aportando agua dulce al océano austral y modificando su estratificación; este derretimiento basal es, además, la principal amenaza para la estabilidad de las plataformas de hielo de la Antártica Occidental y para su contribución futura al aumento del nivel del mar.
La retroalimentación entre el hielo marino y la temperatura superficial del mar es una retroalimentación positiva central en el sistema climático polar, y se cierra sobre sí misma: cuando el hielo marino se funde, la fracción de radiación solar que la superficie refleja cae de entre el setenta y el noventa por ciento que refleja el hielo a apenas el seis por ciento que refleja el océano abierto, lo que hace que esa superficie ahora abierta absorba mucha más radiación solar, se caliente, y funda todavía más hielo marino, cerrando el lazo sobre el mismo hielo marino con el que empezó. Este mecanismo es el principal responsable de la amplificación polar del calentamiento climático.
Así, desde la expulsión de sal que hunde el agua junto al hielo recién formado hasta la retroalimentación que acelera su propia fusión, pasando por el derretimiento basal que las plataformas de hielo de la Antártica sufren por debajo, la interacción del océano con la criosfera hace que el hielo marino termine gobernando tanto la formación del agua más densa del planeta como el ritmo con el que las regiones polares se calientan y contribuyen a la subida del nivel del mar.
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