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A4 Colapso o Debilitamiento de Circulación

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La circulación de vuelco meridional del Atlántico es, dentro de todo el sistema climático, uno de los puntos de inflexión que más preocupan a quienes lo estudian. Tal como funciona hoy, esta circulación transporta hacia el norte cerca de dieciocho sverdrups de agua caliente superficial, y devuelve hacia el sur, en las profundidades, una cantidad casi idéntica de agua fría y densa, cerca de dieciocho sverdrups también. Ese transporte de calor hacia el norte, de aproximadamente un petavatio y tres décimas, es lo que hace que Europa Occidental disfrute de un clima mucho más templado del que le correspondería por su sola latitud.

Que esta circulación se esté debilitando ya no es solo una posibilidad teórica: una red de boyas oceanográficas instaladas a lo largo del paralelo veintiséis norte registró una disminución cercana a los tres sverdrups entre dos mil cuatro y dos mil catorce, aunque esa disminución convive con una variabilidad interanual todavía alta, y es precisamente esa variabilidad la que hace que confirmar el debilitamiento a largo plazo siga siendo un desafío para quienes estudian esta circulación.

El mecanismo que explica por qué esta circulación podría llegar a colapsar es la retroalimentación salina de Stommel, y funciona como un lazo que se cierra sobre sí mismo. La circulación de vuelco meridional del Atlántico transporta sal hacia el Atlántico Norte, donde la evaporación concentra esa sal todavía más; pero si un aporte de agua dulce, como el que produce el deshielo de Groenlandia, reduce la salinidad superficial del Atlántico Norte, la densidad del agua cae, el hundimiento de esa agua se reduce, y esa reducción del hundimiento es lo que hace que la propia circulación de vuelco meridional del Atlántico se debilite. Una vez debilitada, esa misma circulación transporta menos sal hacia el norte, lo que reduce todavía más la salinidad del Atlántico Norte, cerrando el lazo y volviendo a debilitar a la circulación de vuelco meridional del Atlántico con la que empezó todo. Esta retroalimentación positiva puede llevar a un colapso irreversible de la circulación de vuelco meridional del Atlántico si el aporte de agua dulce supera un umbral crítico.

Si la circulación de vuelco meridional del Atlántico llegara a colapsar, las consecuencias alcanzarían mucho más que al propio Atlántico Norte: Europa Occidental se enfriaría entre cinco y diez grados, la zona de convergencia intertropical se desplazaría hacia el sur, los patrones del monzón africano y del monzón asiático cambiarían, y el aumento del nivel del mar se aceleraría en las costas del Atlántico occidental, porque la ausencia de esa circulación hace que el agua se acumule allí en vez de redistribuirse hacia otras regiones del océano.

Lo más inquietante de esta inestabilidad es que su comportamiento no es gradual sino no lineal: la circulación de vuelco meridional del Atlántico puede estar cerca de su punto de bifurcación sin que aparezca ninguna señal obvia, lo que hace que el colapso pueda llegar sin previo aviso hasta que se vuelve inminente. Así, desde el transporte de calor que hoy templa el clima de Europa, pasando por la retroalimentación salina que puede debilitarlo, hasta las consecuencias que ese debilitamiento tendría sobre monzones enteros y sobre el nivel del mar, la circulación de vuelco meridional del Atlántico concentra, en un solo mecanismo, uno de los cambios más abruptos y menos anunciados que el sistema climático podría todavía sufrir.

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