A6 Precipitación Extrema e Inundaciones
Tópico
La precipitación extrema reúne los eventos en que las tasas de lluvia o las acumulaciones totales de agua superan ampliamente la climatología local de una región, y es la causa directa de inundaciones, deslizamientos y pérdidas de vidas. Tres mecanismos físicos distintos pueden producir precipitación extrema: los ríos atmosféricos, que son filamentos angostos de transporte de vapor de agua que conectan los trópicos con las latitudes medias; los frentes lentos o estacionarios, que organizan la convección sobre una misma zona durante horas o incluso días; y la amplificación orográfica, que fuerza el ascenso y la condensación del vapor de agua cuando el aire húmedo se topa con una cadena montañosa.
De los tres mecanismos, los ríos atmosféricos son responsables de la mayoría de los eventos de precipitación extrema en las costas occidentales de los continentes de latitudes medias, como las de California, Portugal o Chile. Un río atmosférico se reconoce por dos señales a la vez: por un lado, la cantidad total de vapor de agua acumulada en la columna de aire que lo compone supera los veinticinco milímetros de agua equivalente, muy por encima de la que hay en el aire circundante; por otro, el flujo horizontal de ese vapor de agua —cuánto vapor atraviesa una sección de la atmósfera por segundo— supera los doscientos cincuenta kilogramos por metro de ancho cada segundo, concentrado en una franja de menos de mil kilómetros de ancho por la que se transportan, en conjunto, varios cientos de kilogramos de vapor de agua por cada metro de esa franja, cada segundo. Cuanto más tiempo permanece un río atmosférico estacionado sobre la misma región, mayor es la acumulación total de lluvia que deja: la persistencia de un río atmosférico durante uno o dos días puede depositar sobre una región entre doscientos y cuatrocientos milímetros de agua. En el mar Mediterráneo, otro mecanismo específico de esta región —conocido como depresión aislada en niveles altos, o "gota fría"— produce precipitación extrema combinando la advección de aire frío en altura con la convección que alimenta el propio mar Mediterráneo cálido; a diferencia del río atmosférico, aquí no es un filamento de vapor de agua el que aporta la humedad, sino el propio mar Mediterráneo cálido evaporándose bajo el aire frío que ha descendido desde niveles altos.
La amplificación orográfica, el tercer mecanismo, actúa de una manera distinta a los dos anteriores: en vez de aportar más vapor de agua, fuerza a que el aire húmedo ascienda por la ladera de barlovento de una cadena montañosa, y ese ascenso forzado enfría el aire y condensa su vapor de agua en forma de lluvia. Cuanto más pronunciado es el ascenso forzado por la orografía, mayor es la precipitación que cae del lado de barlovento: la amplificación orográfica puede multiplicar la precipitación de barlovento entre dos y cinco veces respecto a la que cae sobre las llanuras adyacentes.
Sea cual sea el mecanismo que produce la precipitación extrema, lo que determina si esa lluvia termina en una inundación depende del estado del suelo que la recibe. Cuando el suelo ya está cerca de su capacidad de campo —es decir, cuando ya tenía una humedad alta antes de que empezara a llover— prácticamente toda la lluvia adicional que aporta la precipitación extrema se convierte en escorrentía en vez de infiltrarse, y el resultado es una inundación por saturación. Cuando, en cambio, el suelo es impermeable, o cuando la lluvia cae con una intensidad muy alta incluso sobre un suelo que en otras condiciones absorbería agua, el agua tampoco logra infiltrarse a tiempo, y el resultado es una inundación por escorrentía rápida.
Así, la inundación por saturación y la inundación por escorrentía rápida son las dos vías finales por las que la precipitación extrema —ya sea que provenga de un río atmosférico, de una depresión aislada en niveles altos sobre el Mediterráneo, de frentes lentos o estacionarios, o de la amplificación orográfica— termina convirtiéndose en el daño real: las inundaciones, los deslizamientos y las pérdidas de vidas con las que se abre la descripción de este fenómeno. El mecanismo atmosférico que aporta el agua decide cuánta lluvia cae y en qué franja de territorio, pero es el estado del suelo el que decide, en última instancia, qué tan destructiva resulta esa precipitación extrema.
ID:595
