A3 Bloqueos Atmosféricos y Circulación Anómala
Tópico
El bloqueo atmosférico es una configuración persistente de la circulación de gran escala en la que un anticiclón de bloqueo se instala en una posición anómala de las latitudes medias o altas y se mantiene allí durante un periodo que va de cinco a treinta días o más. Mientras el anticiclón de bloqueo permanece en esa posición, interrumpe el flujo normal del jet, la corriente de viento que en condiciones habituales guía a los sistemas meteorológicos de oeste a este, y los desvía a su alrededor en vez de dejarlos avanzar. Esa desviación prolongada de los sistemas meteorológicos es lo que hace que el bloqueo atmosférico sea responsable de una fracción desproporcionada de los extremos de temperatura, como las olas de calor que golpean Europa y las olas de frío que golpean Norteamérica, y también de las inundaciones que provocan las lluvias persistentes de los sistemas que quedan lentos o estacionarios bajo su influencia.
Lo que sostiene al anticiclón de bloqueo en esa posición anómala es la absorción de las ondas de Rossby de latitudes medias dentro de la zona de bloqueo: en vez de propagar su energía hacia el este como lo harían en condiciones normales, esas ondas de Rossby quedan atrapadas en la zona de bloqueo y se acumulan allí; esa acumulación de energía es precisamente lo que mantiene la perturbación, reforzando al mismo anticiclón de bloqueo que impidió que las ondas escaparan, y cerrando así el mecanismo que hace persistente al bloqueo atmosférico. Esta persistencia es, de hecho, el criterio con el que se identifica operacionalmente al bloqueo atmosférico: se considera activo cuando el gradiente de presión de la zona se mantiene invertido durante al menos cinco días seguidos.
Esa persistencia del anticiclón de bloqueo tiene, además, una explicación de fondo: el flujo atmosférico de latitudes medias admite dos estados de equilibrio distintos entre los que puede saltar. El primero es el flujo zonal normal, en el que los sistemas meteorológicos avanzan de oeste a este sin obstáculos; el segundo es el estado bloqueado, en el que el anticiclón de bloqueo se instala y se sostiene por la acumulación de ondas de Rossby descrita antes. El sistema salta de un estado al otro cuando una perturbación de amplitud suficientemente grande lo empuja fuera del estado zonal, y una vez que cae en el estado bloqueado, la propia acumulación de ondas de Rossby lo mantiene ahí hasta que otra perturbación de amplitud suficiente lo devuelve al flujo zonal.
Cuando las ondas de Rossby no se quedan atrapadas en la troposfera de latitudes medias sino que se amplifican y se propagan verticalmente hacia la estratosfera, pueden producir una forma aún más extrema de circulación anómala: la ruptura del vórtice polar. Dentro de la estratosfera, el vórtice polar es la circulación que en condiciones normales confina al aire ártico frío dentro del círculo polar; cuando la propagación vertical de las ondas de Rossby amplificadas lo golpea con suficiente fuerza, el vórtice polar se debilita o se divide, y esa división le abre una salida al aire ártico frío, que entonces escapa hacia las latitudes medias. Ese escape del aire ártico frío es lo que produce las olas de frío históricas, capaces de alcanzar regiones tan alejadas del círculo polar como el sur de Norteamérica o el centro de Europa.
Tanto el bloqueo atmosférico en la troposfera como la ruptura del vórtice polar en la estratosfera son, en el fondo, la misma familia de circulación anómala sostenida por ondas de Rossby que dejan de propagarse con normalidad: cuando esas ondas se acumulan en la troposfera, producen un anticiclón de bloqueo persistente que desvía a los sistemas meteorológicos y genera extremos de temperatura e inundaciones; cuando se amplifican y suben hasta la estratosfera, rompen el vórtice polar y liberan al aire ártico frío en episodios de frío histórico. En ambos casos, el bloqueo atmosférico y sus variantes muestran cómo una misma perturbación de la circulación de gran escala, según en qué capa de la atmósfera se sostenga, puede manifestarse como calor extremo, inundación prolongada o frío polar fuera de lugar.
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