A6 Liberación Abrupta de Fluidos
Tópico
La liberación abrupta de fluidos reúne a los fenómenos en los que grandes volúmenes de fluidos son expulsados violentamente desde el subsuelo: erupciones de lodo, venteo súbito de gas metano desde hidratos submarinos, licuefacción de suelos saturados provocada por un terremoto, y explosiones sedimentarias repentinas como la que ocurrió en Lusi, en Java, en 2006. Estos fenómenos de liberación abrupta de fluidos son comunes en los márgenes continentales activos y en las zonas de convergencia entre placas, donde los fluidos que quedan a sobrepresión bajo tierra buscan constantemente una ruta de escape hacia la superficie.
La licuefacción sísmica ocurre cuando una arena fina, saturada de agua y sin capacidad de drenar esa agua a tiempo, recibe la carga dinámica de las ondas sísmicas de corte que un terremoto genera: la presión del agua dentro de los poros de esa arena crece hasta igualar por completo la tensión vertical total que el propio suelo soporta, y cuando ambas se igualan, la tensión efectiva que mantenía unidos a los granos de arena cae a cero, convirtiendo a ese suelo, momentáneamente, en un fluido. Para evaluar si un suelo va a licuefactarse, se compara la razón de tensión cíclica, que mide la demanda que el terremoto le impone a ese suelo, con la razón de resistencia cíclica, que mide la capacidad que ese mismo suelo tiene para resistir esa demanda.
El venteo súbito de metano desde los hidratos de gas submarinos representa una retroalimentación climática potencialmente catastrófica, porque esos hidratos de gas solo permanecen estables bajo alta presión y baja temperatura. Cuando el fondo marino se calienta, puede desencadenar una disociación autocatalítica de esos hidratos de gas: la disociación libera metano, ese metano liberado calienta todavía más el fondo marino cercano, y ese calentamiento adicional dispara la disociación de más hidratos de gas, liberando aún más metano en un ciclo que se retroalimenta a sí mismo; y este metano liberado resulta particularmente preocupante porque retiene ochenta y seis veces más calor que el dióxido de carbono a lo largo de un horizonte de veinte años.
El comportamiento esperado de estos hidratos de gas submarinos es que la zona donde se vuelven inestables migre hacia mayores profundidades a medida que el calentamiento oceánico avanza, de modo que cada vez una mayor porción de los hidratos de gas del fondo marino queda expuesta a las condiciones de presión y temperatura que pueden desencadenar la liberación abrupta de fluidos con la que empezó esta descripción.
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