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M4 Deslizamiento rápido y levantamientos

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El modo de deslizamiento rápido se activa cuando la base de un glaciar alcanza la temperatura de fusión y aparece agua líquida en la interfaz entre el hielo y el lecho rocoso que tiene debajo. Bajo estas condiciones, el glaciar puede deslizarse sobre su lecho a velocidades entre diez y cien veces mayores que las que alcanza únicamente por el flujo lento descrito antes.

Las corrientes de hielo son la manifestación más extrema de este modo de deslizamiento rápido: franjas de hielo de decenas de kilómetros de ancho que fluyen a velocidades de entre uno y diez kilómetros por año, drenando cuencas enteras de los mantos de hielo polares hacia el océano. La aceleración de estas corrientes de hielo está asociada a la presencia de un till subglacial blando y saturado de agua bajo ellas, un sedimento en el que la resistencia que el lecho opone al deslizamiento es muy baja.

Los surges glaciares son oscilaciones cíclicas en la velocidad de un glaciar: un glaciar que sufre surges alterna entre una fase activa, que dura décadas, con velocidades entre diez y cien veces la velocidad normal de ese glaciar y con el frente del glaciar avanzando con fuerza, y una fase quiescente, que dura desde décadas hasta siglos, en la que el glaciar vuelve a fluir a sus velocidades normales. En los glaciares cuyo surge depende de la temperatura, el hielo y el calor se van acumulando en un reservorio interno hasta que la base de ese reservorio se vuelve lo bastante templada como para activar el deslizamiento rápido; una vez activado ese deslizamiento, el hielo acumulado se evacúa rápidamente, y al evacuarse ese hielo el sistema entero se enfría y vuelve a desacelerarse, cerrando así el ciclo entre la fase activa y la fase quiescente.

En los glaciares cuyo surge depende, en cambio, del agua, es el propio sistema de drenaje subglacial el que controla ese surge: cuando el drenaje bajo el glaciar está distribuido en muchas cavidades pequeñas y desconectadas entre sí, el agua se acumula a alta presión y esa alta presión favorece el deslizamiento rápido, mientras que cuando el drenaje se organiza en unos pocos canales grandes y eficientes, esos canales reducen la presión del agua y frenan el deslizamiento.

El colapso de una plataforma de hielo flotante es otra manifestación más del deslizamiento rápido: al perder el efecto de contrafuerte que esa plataforma de hielo flotante ejercía, los glaciares tributarios que la alimentaban se aceleran de forma drástica. Tras el colapso de la plataforma Larsen B en 2002, sus glaciares tributarios se aceleraron entre dos y ocho veces en apenas unas pocas semanas, un comportamiento tan repentino que ningún modelo de flujo lento puede reproducir, y que exige en cambio un modelo de flujo completo capaz de incluir los esfuerzos de tracción a lo largo de todo el glaciar, completando así el conjunto de manifestaciones del deslizamiento rápido con el que empezó esta descripción.

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