E7 Permafrost
Tópico
El permafrost es el suelo o la roca que se mantiene a una temperatura igual o inferior a cero grados durante al menos dos años consecutivos, y cubre aproximadamente un veinticuatro por ciento de toda la superficie terrestre del hemisferio norte. Ese mismo permafrost almacena en su interior cerca de mil quinientas gigatoneladas de carbono orgánico, casi el doble del carbono que hoy circula en toda la atmósfera. La estructura térmica del permafrost queda determinada por el balance entre dos flujos de calor opuestos: el flujo de calor que llega desde la superficie, gobernado por el clima, y el flujo de calor geotérmico que asciende lentamente desde la base del propio permafrost.
La capa superior del permafrost, llamada capa activa, es la que se descongela cada verano y vuelve a congelarse cada invierno, y el espesor de esa capa activa varía enormemente según la región: apenas unos veinte centímetros en la tundra ártica más fría, frente a entre dos y tres metros en las zonas subárticas donde el verano calienta el suelo con más intensidad.
La forma en que el calor se difunde dentro del permafrost cambia de manera drástica cada vez que la temperatura del suelo cruza el punto en el que el agua contenida en ese suelo se congela o se descongela, un punto que depende de la textura del propio suelo, de su salinidad y de la presión a la que está sometido. Justo en ese cruce, el permafrost libera o absorbe una cantidad enorme de calor latente, y esa liberación o absorción masiva de calor actúa como un termostato natural que retarda tanto el calentamiento como el enfriamiento del propio permafrost mientras dura el cambio de fase del agua que contiene.
El deshielo del permafrost bajo el calentamiento climático libera dióxido de carbono y metano desde la materia orgánica que ese mismo deshielo va descongelando, y esa liberación de dióxido de carbono y metano calienta todavía más el clima, lo que a su vez profundiza el deshielo del permafrost y libera aún más carbono, cerrando una retroalimentación positiva entre el carbono liberado y el clima que lo calienta. El metano resulta particularmente preocupante dentro de esta retroalimentación porque retiene mucho más calor que el dióxido de carbono por cada molécula liberada.
El deshielo del permafrost también provoca sumideros de degradación termokárstica, hundimientos del propio suelo que ocurren cuando el hielo subterráneo que sostenía ese suelo se funde, y esos sumideros de degradación termokárstica modifican de forma irreversible la topografía del terreno, el drenaje del agua sobre ese terreno y los ecosistemas que dependían de la estructura previa del permafrost, con una subsidencia del suelo que puede alcanzar varios metros en las áreas donde el permafrost contenía hielo masivo.
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