E5 Hielo Marino
Tópico
El hielo marino se forma cuando la temperatura de la superficie del océano desciende por debajo del punto de congelación del agua de mar, cerca de menos uno coma ocho grados para una salinidad de treinta y cuatro gramos de sal por cada kilogramo de agua. El proceso de formación del hielo marino comienza con la nucleación de diminutos cristales de frazil, pequeñas agujas de hielo hexagonal que se forman dentro del agua turbulenta; esos cristales de frazil se aglutinan entre sí para formar una capa de grasa de hielo sobre la superficie del mar, y esa grasa de hielo termina consolidándose en láminas delgadas llamadas nilas y, después, en placas de hielo marino ya reconocibles.
Mientras el hielo marino sigue creciendo, va expulsando la sal que contenía hacia el agua líquida que tiene justo debajo, y esa agua salada que el hielo marino expulsa se vuelve más densa que el agua que la rodea, se hunde hacia el fondo del océano, y contribuye así a formar el agua profunda oceánica que alimenta la circulación termohalina de todo el planeta.
El espesor del hielo marino que crece únicamente por efecto térmico, sin que ningún otro proceso lo perturbe, aumenta cada vez más despacio a medida que se acumulan más grados-día de congelación a lo largo del invierno, porque el propio hielo marino ya formado aísla cada vez mejor al agua líquida que tiene debajo del frío que hay en la superficie; esta relación de crecimiento autolimitante solo es válida para hielo marino inmóvil y en ausencia de un océano subyacente anormalmente cálido.
El hielo marino, además de crecer, se desplaza a la deriva bajo el impulso combinado del viento y de las corrientes oceánicas, y esa deriva del hielo marino no sigue exactamente la dirección del viento que la impulsa, sino que se desvía de esa dirección por efecto de la rotación de la Tierra. Cuando distintos bloques de hielo marino convergen entre sí durante esa deriva, se deforman mecánicamente unos contra otros y forman crestas de hielo comprimido sobre la superficie y quillas de hielo comprimido bajo el agua.
El hielo marino tiene además un efecto crítico sobre el albedo de la superficie polar: la superficie del hielo marino refleja entre un cincuenta y un noventa por ciento de la radiación solar que recibe, mientras que el océano abierto refleja apenas un seis por ciento de esa misma radiación solar. Cuando el calentamiento de origen humano reduce el mínimo estival del hielo marino ártico, queda expuesta una mayor superficie de océano abierto que absorbe mucha más radiación solar de la que el hielo marino perdido absorbía, ese océano expuesto se calienta, ese calentamiento adicional funde todavía más hielo marino, y esa retroalimentación positiva entre el hielo y el albedo es precisamente lo que amplifica el calentamiento en las regiones polares por encima del resto del planeta.
El hielo marino, por último, funciona como una barrera que separa al océano de la atmósfera: bajo una cubierta continua de hielo marino, el intercambio de calor, de dióxido de carbono y de momento entre el océano y la atmósfera que hay encima se reduce drásticamente, de modo que el mismo hielo marino cuya formación, crecimiento y deriva describió esta descripción desde el comienzo termina regulando, también, cómo se comunican entre sí el océano y la atmósfera en las regiones polares.
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